jueves, 3 de septiembre de 2015

LA DUDA DE NEFERTITI


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
24/08/2015
Por Eva Martínez Cabañas




Decía el filósofo renacentista Michel Eyquem de Montaigne que “Nada parece tan verdadero que no pueda parecer falso”. Hoy nos viene que ni pintada esta reflexión, pues vamos a recordad un bello hallazgo histórico del que en los últimos años han surgido dudas muy serias.

Me refiero a un busto muy antiguo, es una de las obras más bellas del arte egipcio, y se ha llegado a conocer con el nombre de Mona Lisa de Amarna, la región donde se halló. Por supuesto estoy hablando del busto de Nefertiti.

La reina egipcia de carne y hueso (1370-1330 a.C) fue hija del faraón Ay, esposa de Akenatón, y suegra de Tutankamón (aunque algunos historiadores piensan que pudo ser su madre), así como un personaje fundamental en la historia antigua de Egipto.

La legendaria belleza de Nefertiti no es discordante con el ojo derecho vacío, ni con su cráneo ovalado; porque, señores y señoras: el busto de Nefertiti tiene una cabeza apepinada, alargada, rarísima... Los egiptólogos más tradicionales sostienen que se trata de una manipulación neurocraneal practicada en su etapa infantil a los miembros de la realeza (sin embargo esta extraña práctica no era propia de Egipto). Aun así, en las representaciones de la familia real se puede apreciar que todos los miembros, a excepción del faraón, tienen el cráneo ovalado. Los historiadores más atrevidos sostienen la teoría de que la forma de estos cráneos (también encontrados en la costa de Perú y en Australia) eran propios de una raza que cohabitó el planeta Tierra con nuestros antepasados humanos en la antigüedad.

Sean de la raza que sean, Nefertiti y Akenatón tuvieron seis hijas: Meritatón, Meketatón, Anjesenpaatón, Neferneferuatón-Tasherit, Neferneferura y Setepenra. Sé que se morían por conocer sus nombres…

El legado histórico-artístico que nos ha quedado de la realeza destaca sobre todo por las escenas familiares de Nefertiti y Akenón con sus hijas, ya que hasta ese momento el arte nunca había mostrado la intimidad real a su pueblo.

Tras la muerte de Akenón, le perdimos la pista a la reina, pues desaparece de grabados, vasijas o escritos. No obstante nos queda su bello busto pintado, ¿o no? “Lo que ha sido creído por todos siempre y en todas partes, tiene todas las posibilidades de ser falso”, nos enseñó el filósofo Paul Ambroise Valéry.

En principio el busto se atribuía al artesano y escultor real Tutmose, del siglo 1330 a.C. Fue descubierto en 1912 (el busto, no el escultor) en unas excavaciones dirigidas por el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt.

Sin embargo, hoy en día se cree que en realidad es una copia de 1912 realizada para poner a prueba los pigmentos utilizados por los antiguos egipcios, según el historiador suizo Henri Stierlin. Se atribuye al artista Gerardt Marcas, por encargo del egiptólogo Borchardt.

En 2008 Stierlin publicó un libro titulado “El busto de Nefertiti: ¿una importora de la egiptología?”. Basa sus conclusiones en varios hechos irrefutables. En primer lugar el busto no tiene ojo izquierdo, y no pudo ser diseñado así porque en el antiguo egipcio se habría considerado un insulto. Además, los hombros están cortados verticalmente, y los antiguos egipcios hacían el corte horizontal. Stierlin también asegura que los rasgos recuerdan al Art Nouveau, y que los arqueólogos no se preocuparon de desarrollar ni siquiera un informe de las excavaciones donde fue supuestamente encontrada. “Borchardt sabía que era falso” –asegura el egiptólogo.

La obra está realizada en piedra, se encuentra recubierta de yeso, y los pigmentos de su pintura son muy antiguos, aunque no han sido datados con exactitud. El busto, icono de belleza femenina del arte universal, retrata a Nefertiti en su madurez, sin ocultar sus arrugas.

Stierlin continúa diciendo que el origen de la farsa del busto comienza durante una visita a las excavaciones de la familia real sajona. Estas se encontraban situadas a orillas del río Nilo. La realeza se interesó por el bello busto, y hasta le hicieron fotografías. Los arqueólogos presentes no se atrevieron a aclarar que no era una obra auténtica…

En fin, el caso es que el busto de nuestra princesa de Éboli egipcia puede que sea falso, falsísimo. Sin embargo, es indiscutible que posee una belleza extraordinaria.

El filósofo Blaise Pascual nos regaló este pensamiento: “El espíritu cree naturalmente y la voluntad naturalmente ama; de modo que, a falta de objetos verdaderos, es preciso apegarse a los falsos”. Colorín, colorado, el cuento de Nefertiti se ha acabado.


Fuente: Wikipedia, Blog Luz para Todos, Blog La Túnica de Neso, Emol.com, Europa Press.es, Mas Libertad. Com, El País.es.
Foto: Historia y arqueología.com

CIUDAD REAL CÉLEBRE: JERÓNIMO LÓPEZ-SALAZAR MARTÍNEZ



CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
17/08/2015
Por Eva Martínez Cabañas




Dijo Leonardo Da Vinci, “Después de la pintura viene la escultura, un arte muy noble aunque su ejecución no requiere la ingenuidad suprema que requiere el arte de la pintura, ya que hay dos puntos muy importantes y difíciles, la perspectiva y la luz y la sombra, para los cuales el pintor tiene que inventar un proceso, mientras la escultura se ve favorecida por la naturaleza. Por otra parte, la escultura no imita el color que el pintor se esfuerza por armonizar de manera que las sombras acompañen a las luces”.

Habitualmente recurro a las palabras del maestro Leonardo, pero hoy con mayor razón, ya que me gustaría recordar a otro artista. Se trata de un escultor ciudadrealeño cuya obra es de corte clásico, y siempre en bronce o escayola. Su nombre fue Jerónimo López-Salazar Martínez.

Su legado no es muy amplio, pero sí es representativo en la historia de nuestra ciudad. Destacan un busto de Ángel Andrade, una figura alegórica de la primavera situada en el Parque Gasset, y la escayola conocida como “Desnudo de joven”. También pintó el óleo de un estandarte, propiedad de la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias, que podemos contemplar cada Semana Santa. Y colaboró con el arquitecto Mateo Gayá en la ejecución de la farola homenaje al alcalde José Maestro, que se erigió en la calle Postas durante la II República.

Me gustó esto que encontré: “La esencia de una escultura debe entrar de puntillas, tan ligero como las huellas de los animales en la nieve”. Nos lo enseña inspirado el escultor Hans Arp.

Pero conozcamos más a nuestro artista…

Jerónimo López-Salazar Martínez nació en Ciudad Real en 1899, y fue allí donde vivió la mayor parte de su vida. Se casó con Isabel Pérez Valera, directora de la Biblioteca Pública-Casa de Cultura de Ciudad Real. 

En cuanto a su formación artística, hay que decir que estudió en las Escuelas de Artes y oficios de Ciudad Real y Valencia. Y gracias a una beca de la Diputación de ciudad Real, completó sus estudios en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. También obtuvo una beca para estudiar imaginería religiosa en Murcia y Sevilla, y viajó a París e Italia de nuevo becado por la Diputación de Ciudad Real.

Ejerció como profesor y director de la Escuela de Artes y Oficios de Ciudad Real, y fue miembro del Instituto de Estudios Manchegos y de la Comisión Provincial de Monumentos. En 1975 se le nombra Conservador de Bienes Artísticos de la Diputación de Ciudad Real, y como tal se le encomienda la redacción del Catálogo de Obras Artísticas de esta entidad.

Encontramos en el libro “Cien años de comercio e industria en Ciudad Real”, escrito por Cecilio López Pastor y editado por la Cámara de Comercio e Industria de Ciudad Real: “El gran artista Jerónimo López Salazar, que fuera director de la Escuela de Artes y Oficios Artísticos en los años 60, tuvo su taller-estudio de escultura en el número 25 de la calle Toledo”.

En 1920 recibió el Premio de Escultura en la Exposición Nacional de Bellas Artes por dos retratos del pintor Ángel Andrade, uno en bronce y el otro en escayola con imitación a bronce. Y en 1945 fue Premio de Escultura en la Exposición Manchega de Artes Plástica de Valdepeñas, con una obra titulada “Toro”.

Sabemos que nuestro escultor falleció en 1979.

Terminada esta pequeña biografía, nos quedamos con unas bellas palabras del escultor de los escultores, Miguel Ángel: “Vi el ángel en el mármol y tallé hasta que lo puse en libertad”. Y añadió: “Todo lo que la mano del escultor puede hacer es romper el hechizo y liberar las figuras dormidas en la piedra”. 

Cincel, piedra, arte y trabajo… y se hizo la magia.


Fuentes: Wikipedia, Ciudad-Real.es, “Estilos y tendencias de las artes plásticas en la provincia de Ciudad Real (1900-2005)” de Enrique Pedrero Muñoz.
Foto: Ciudadreal.digital.es


LA TRUCULENTA HISTORIA DEL PASTELERO DE MADRIGAL, FRAY MIGUEL Y LA PRIMA DEL REY


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
10/08/2015
Por Eva Martínez Cabañas





Dijo Federico II el Grande, rey de Prusia: “Todo el que aspira a avasallar a sus semejantes, se ve obligado a ser impostor y sanguinario”. Esta es la insólita historia de un par de falsarios que fueron ejecutados por suplantar la personalidad del rey. Síganme los curiosos en esta desconcertante crónica.

Empezaré por el principio… solo con el objeto de dar facilidades.

El rey Sebastián I de Portugal sucedió a su abuelo Juan III con tan solo tres años de edad. Fue educado por los jesuitas de la época, quienes le inculcaron el espíritu de la cruzada, el afán de conquista y la intolerancia por la religión del prójimo (judíos, templarios, musulmanes o turcos hacían lo propio por ser costumbre de la época).

Corría el año 1578 cuando en tierras marroquíes se libró la batalla de Alcazarquivir, también llamada batalla de los Tres Reyes. Las tropas del joven Sebastián (cuyo objetivo era conquistar el norte de África) se enfrentaron a las hordas saadís (cuyo pretendiente al trono, Abd el-Malik, pretendía suceder al depuesto sultán marroquí). El exsultán (de nombre Muley al-Mutawakil) había pedido ayuda al rey cristiano para recuperar su trono, y pese a todos los consejeros contrarios a la empresa, Sebastián I acabó pidiendo ayuda económica a su tío Felipe II, dilapidó el tesoro portugués, convocó a sus nobles y familiares, emplazó a los aliados europeos y moros, y con todos ellos se marchó a la guerra.

Sin contar prisioneros, en la contienda fallecieron unos 9.000 guerreros del bando portugués (incluido el poeta Francisco de Aldana), unos 1.500 hombres en las tropas contrarias, así como sus máximos representantes. La muerte de los tres reyes en un mismo campo de batalla causó gran asombro en la época, y el pueblo portugués se vistió de luto, pues no había familia que no hubiese perdido a un miembro o más en la masacre.

Tras la batalla surgió una leyenda que afirmaba que el rey Sebastián había dicho a sus tropas que “ellos no serían quienes tendrían que luchar, sino que se encargaría la misma cruz contra le media luna”, así que los soldados se habían marcharon del campo de batalla. Al regresar habían encontrado que la batalla había terminado a favor de los adversarios, y que el rey Sebastián había desaparecido. La fábula se basaba en las profecías de Bandarra, un zapatero de la época al que le encantaban la literatura y las profecías sobre la vuelta del Mesías. Hoy en día esta historia no se la hubiera tragado nadie…

La leyenda profética hizo surgir a su vez un movimiento político-secular denominado Sebastianismo, que aseguraba que el rey no estaba muerto y que regresaría algún día para ocupar su trono. Así pues el enredo propició que se dieran algunos episodios de suplantación de personalidad, pues el joven rey no había dejado descendencia.

Uno de estos episodios lo protagonizó Gabriel Espinosa, y fue tan sonado que derivó en el célebre poema dramático “Traidor, confeso y mártir” de José Zorrilla; y en una novela histórica escrita por Manuel Fernández y González, titulada “El pastelero de Madrigal”, que a finales del siglo XIX vendió más de doscientos mil ejemplares.

Espinosa probablemente nació en Toledo. El documento más antiguo que se conserva de él es un título de pastelero expedido en esa ciudad. Según datos contrastados llegó a Madrigal en 1594 ejerciendo el oficio de pastelero (elaboraba empanadas y pasteles de carne). Hablaba francés y alemán, y era diestro a caballo. Iba acompañado por su hija Clara Eugenia, de dos años, y una mujer gallega de nombre Inés Cid, de unos veintitantos años y que ama de la niña. Espinosa vivía desde con ella desde 1591, y la había conocido en Allariz (Orense). Su hija nació en Oporto, ya que el pastelero servía en la compañía del capitán Pedro Bermúdez ejerciendo su oficio. Las escalas que habían realizado eran Salvatierra, Zamora, Toro, La Nava del Rey y finalmente Madrigal. El 15 de abril de 1595 fue bautizado en esta última localidad su segundo hijo “hijo de Inés, pastelera, y de su amo, que dijo ser suyo”, según un apunte en el libro de bautismos de Santa María del Castillo de Madrigal.

Pues bien, la historia se pone interesante. Les presento a otros dos personajes en esta trama que semeja obra de teatro.

Vivía en Madrigal un agustino portugués, vicario del convento de Nuestra Señora de Gracia el Real de Madrigal y conocido como Fray Miguel de los Santos. Había sido confesor en la corte de Sebastián, pero fue desterrado a Castilla por Felipe II. Su delito fue apoyar al prior de Crato en sus intenciones de suceder al rey desaparecido.

También fue relevante en el suceso María Ana de Austria, hija natural de Juan de Austria (quien a su vez fue hijo natural de Carlos I, capitán de los ejércitos españoles y además héroe de Lepanto). Su madre, María de Mendoza, se la entregó a Magdalena de Ulloa para ser educada, y esta a su vez la ingresó en el convento de Agustinas de Madrigal cuando la niña tenía seis años de edad. 

Por supuesto en el convento estaba fray Miguel, quien no dudó en llenar la cabeza de la muchacha de aventuras sobre su padre y su primo Sebastián (a quien como muchos creía vivo, pues solo tenía diez años cuando el rey murió). En los interrogatorios del proceso se cuenta cómo le decía a la niña que tenía visiones en las que aparecían ella y su primo uniendo sus vidas para llevar a cabo grandes empresas (No debía rezar mucho fray Miguel).

Al llegar el pastelero a Madrigal, el fraile creyó reconocer a su rey, y al preguntarle si lo era, solo consiguió de él respuestas ambiguas. Lo puso en contacto con su prima María Ana de Austria, de veintisiete años de edad y monja sin vocación. Pastelero y monja se prometieron en matrimonio, condicionados por la circunstancia de que la joven debía conseguir la dispensa papal de su voto.

Cuando comenzaron los rumores sobre la relación del pastelero y la sobrina del rey, Espinosa viajó a Valladolid con las joyas y dineros de su prometida, y haciéndole creer que iba en busca de un hermano que la monja creía tener y regresar con él a Madrigal. Pero fue mostrando las alhajas y faltando el respeto al rey, así que le denunciaron y fue apresado por Rodrigo de Santillán, alcalde del crimen en la Chancillería (nombre antiguo del tribunal superior de justicia español). Al registrar sus pertenencias encontraron dos cartas de nuestro amigo el fraile dándole el trato de majestad, y otras dos de María Ana de Austria, en la que le trataba como prometido, e incluso llamaba hija a la niña del detenido. El asunto se consideró de gravedad y se derivó directamente a la corte de Felipe II. Solo habían pasado tres meses desde la llegada del pastelero a Madrigal… 

El propio Rodrigo de Santillán viajó con sus alguaciles a Madrigal, y allí hizo encerrar a María Ana de Austria en sus aposentos, requisó las cartas de la joven y prendió a fray Miguel, quien no dudó en sostener firmemente que el detenido era el reaparecido rey portugués. Así que se abrió directamente un proceso contra los detenidos por suplantación de la personalidad del rey. Ambos fueron torturados e interrogados, y el proceso fue tutelado personalmente por Felipe II desde la Corte, pues se jugaba el título de rey.

Lo cierto es que aquella no era la primera reaparición del real desaparecido, y dos casos de aspirantes al trono habían surgido diez años antes acabando en prisión y muerte (por este orden).

Durante el juicio nada declaró Gabriel Espinosa sobre sus padres u origen. De su nombre dijo no ser el suyo, sino que lo usaba por figurar en el permiso para ejercer de pastelero. Durante su estancia en la cárcel, Simón Ruiz, que era el comerciante más influyente de la villa le hacía llegar comida en vajilla de plata. Fue condenado a morir en la horca, y la sentencia se cumplió el 1 de agosto de 1595 en la plaza de Madrigal. El pueblo quedó sorprendido de su orgullosa mirada, de la cólera con que citó a don Rodrigo ante el Tribunal de Dios, y la tranquilidad que tuvo al ajustarse la soga al cuello. Tras el ahorcamiento fue decapitado y descuartizado, se exhibieron sus despojos en cada una de las cuatro puertas de la muralla, y su cabeza se expuso en la fachada del Ayuntamiento.

El hermano agustino también fue ahorcado, en la Plaza Mayor de Madrid el 19 de octubre, tras reducirse su condición a laico (que ajusticiar a un simple civil debía ser mucho más cómodo que a un bellaco religioso). A pie de horca el exfraile insistió en su inocencia y en la identidad real, ya que había conocido a Sebastián I personalmente, en su época de confesor de la corte (aunque del destierro por apoyar al prior de Crato en sus intenciones de suceder al rey seguro que no dijo nada). Tras su ahorcamiento fue decapitado y su cabeza se envió a Madrigal para acompañar por unas horas a la del pastelero (a quien habían decapitado dos meses y dieciocho días antes).

Felipe II tampoco se apiadó de su sobrina, y la encerró en estricta clausura en el convento agustino de Nuestra Señora de Gracia, en Ávila. Allí pasó algo más de tres años, pero su suerte cambió al morir el rey, ya que su primo Felipe III la retornó al convento de Madrigal, del que acabó siendo priora hasta 1611, que dejó la orden de San Agustín. Llegó a ser abadesa del cisterciense monasterio de Huelgas de Burgos, que era la mayor dignidad eclesiástica a la que una mujer podía aspirar. Curiosamente ejerció como una magnífica prelada.

También se apresó a Inés Cid, quien azotada y desterrada de Madrigal, partió con sus dos hijos hacia un destino del que no nos ha quedado constancia.

Aquí acaba la historia…

Pero ¿y si imaginamos por un momento que el pastelero y el rey Sebastián hubiesen sido la misma persona? Eso explicaría la actitud de ambos protagonistas en su ejecución, y le daría un giro de 90º a la historia. Las leyendas siembre encierran alguna verdad, y bien pudiera ser que la desaparición del joven rey podría haber sido un ardid de sus enemigos para arrebatarle el trono. ¿Por qué se implicó tanto Felipe II en el proceso? ¿Acaso no conocían María Ana de Austria y el confesor suficientemente al rey para intentar colar en la corte a un impostor? ¿Cómo en solo tres meses el pastelero y fray Miguel se habían jugado el cuello sin conocerse? ¿Y si la correspondencia requisada a Gabriel hubiese sido verdadera? ¿Por qué no sabemos nada del pastelero antes de su llegada a Madrigal? ¿Y si la bravuconería de Espinosa en realidad era la ira de un rey despojado?. Posiblemente yo también me hubiese escondido bajo otra identidad si hubiese sido causante de la masacre de Alcazarquivir. ¿Era la monja a la fuerza realmente tan pava para dejarse engañar a sí? ¿Y si los tres personajes de esta historia hubiesen dicho la verdad? ¿Dónde está Sherlock Holmes cuando se le necesita?

En el poema del romántico José Zorrilla, una vez ahorcado el pastelero encuentran una nota suya donde confiesa ser el verdadero rey Sebastián de Portugal. “Sacrifico mi vida a sostener esta patraña que mi historia desde hoy hará famosa (…) ahogad la duda, morir debo si no por Sebastián, por Espinosa”, dice.

Adeus, senhor confeiteiro.

Por cierto, el cuerpo Sebastián I de Portugal fue recuperado en el campo de batalla y se le dio sepultura en Alcazarquivir. En diciembre de ese mismo año fue entregado a las autoridades portuguesas de Ceuta, y allí permaneció hasta 1580. Finalmente fue trasladado al monasterio de los Jerónimos de Belém, en Lisboa, para su definitivo descanso.


Fuentes: Wikipedia y Madrigal-aatt.net, Blog El Asomado
Foto: Madrigal-aatt.net


LA DOCTORA MARGARET ANN BULKLEY


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
03/08/2015
Por Eva Martínez Cabañas




¿Qué tienen en común películas como Albert Nobbs, Víctor o Victoria, Mulán o Tootsie? Pues que su temática semeja nuestra historia de hoy. Sin embargo esta última, aunque menos conocida, es real y todo un ejemplo de superación, vocación y empeño.

Encendemos motores…

James Barry nació entre a finales del siglo XVIII en Belfast, Irlanda del Norte, y su biografía documentada no comienza hasta 1809, cuando ingresó en la Universidad de Edimburgo para estudiar medicina. Se doctoró en 1812.

Era de baja estatura, pelo rubio rizado y voz atiplada, y fue uno de los cirujanos más destacados del ejército británico. Trabajó como asistente de hospital, sirvió en la batalla de Waterloo (donde Napoleón terminó con su sueño de grandeza) y ejerció su profesión en India y Sudáfrica.

En Ciudad del Cabo trabajó para mejorar el suministro de agua potable, higiene y prevención; y realizó con éxito una de las primeras cesáreas de las que se tiene noticia. También denunció la forma inhumana en la que eran tratados los enfermos mentales, y organizó colonias para leprosos. Por su dedicación fue nombrado Inspector Médico de la colonia británica, y llegó a ser médico personal del gobernador.

En 1828 viajó como cirujano militar a Isla Mauricio, Trinidad, Tobao, Santa Helena, Malta, Corfú, Crimea, Jamaica, y en 1831 a Canadá.

Decían de él que tenía una personalidad polémica, y que no tardaba en pasar de educado y solícito a demostrar su fuerte carácter. Llegó incluso a batirse en duelo a pistola, por lo que fue sometido a juicio militar. En la isla de Santa Helena puso el grito en el cielo ante las condiciones en las que se encontraban los enfermos, por lo que se creó enemigos entre los oficiales, que hicieron todo lo que pudieron por desprestigiarlo. Así fue degradado a cirujano de campo y destinado a las Indias Occidentales en 1838.

Gracias a su impecable trabajo, en este último destino fue promocionado de nuevo. En 1845 contrajo la fiebre amarilla y regresó a Gran Bretaña. Se jubiló en Marylebone, Inglaterra, donde falleció el 25 de julio de 1865.

Pero el asombro surgió tras su muerte, en la funeraria.

La empleada Sophia Bishop preparaba el cadáver cuando descubrió que se trataba de una mujer. Al principio pensó que se debía a un error administrativo, ya que el cuerpo femenino revelaba incluso haber dado a luz en algún momento de su vida. Tras comprobar la documentación y verificar que se trataba del cuerpo del doctor Barry, hizo público su hallazgo.

Fue entonces cuando algunas personas que habían trabajado con él afirmaron haber sospechado su verdadero sexo. Sin embargo, aprovechando que no se le realizó la autopsia al cuerpo (ya que había muerto de disentería en la epidemia que flageló Londres aquel verano), el ejército inglés negó el escándalo, y fue enterrado en el cementerio de Kensal Green, con el nombre de James Barry y su rango militar: Inspector General de Hospitales (que equivale a General de Brigada).

Durante más de un siglo se ocultó el expediente del médico, pero a mediados del siglo XX por fin se hicieron públicos los detalles. Su verdadero nombre era Margaret Ann Bulkley, y se cree que la razón de su transformismo se debió a que en aquel tiempo la medicina y el ejército estaban vetados a las mujeres.

No tenemos muchos más datos, así que querida doctora Bulkley, conocida su historia sirva este pequeño reconocimiento para restituir su derecho a elegir profesión. También deseo declararle mi más sincera admiración por su empeño en querer cambiar el mundo. No debió ser fácil… Gracias por su tesón, doctora, ha sido un placer conocerla (y un abrazo para los puristas del leísmo).

¿Una cita para finalizar? Mejor otro día, que hoy no tengo muchas ganas de pensar, o como escribió Leonardo Da Vinci (con efecto espejo en sus apuntes de trigonometría) “Etcétera porque la sopa se enfría”. Les prometo que no lo he hecho a propósito. Hasta otro día.


Fuentes: Blog Enroque de Ciencia, Wikipedia, Muy Interesante.es.
Foto: Listas.20minutos.es


miércoles, 29 de julio de 2015

CIUDAD REAL CÉLEBRE: LA SANTA HERMANDAD


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
27/7/2015
Por Eva Martínez Cabañas



Señoras y señores, este era el sonoro nombre que ostentaba un grupo de armados rurales pagados por los concejos para proteger los caminos. Los concejos eran asambleas de vecinos que se crearon en el Medievo con el objeto de tratar temas locales de importancia, como el aprovechamiento de prados, bosques y montes, ganadería, regadíos o la explotación del molino. La Santa Hermandad fue el primer cuerpo de policía rural de Europa, en el año 1300 se fundó en las ciudades de Toledo y Talavera de la Reina para defender los intereses de los colmeneros, y dos años después Ciudad Real se unió a ellos.

Trabajaban en cuadrillas formadas por capitanes, ballesteros y cuadrilleros, y lucían un uniforme con chaleco que dejaba al descubierto las mangas de su camisa, que era de color verde. De ahí surgió la expresión “A buenas horas, mangas verdes” que utilizamos cuando algo o alguien muy esperado se presenta cuando ya no es necesario.

Tenían jurisdicción para perseguir a los delincuentes que hubieran delinquido en el campo y potestad para juzgarlos y condenarlos a muerte allí mismo. Sin embargo no tenían poder en las ciudades.

En sus inicios infringían castigos severos y favorecían  que la nobleza perdiera parte de su poder, pero con el tiempo relajaron su disciplina, no llegaban a tiempo y los crímenes quedaban impugnes. Su declive se atribuye a que el número de agentes no era suficiente, resultaba una carga económica para los pueblos y con más frecuencia se fue solicitando al ejército regular para instaurar el orden público. Fue el papa Celestino V quien le concedió el título de Santa.

En cuanto a sus sentencias, podían apelarse ante el cabildo de la Hermandad y en segunda instancia ante el Consejo, estando prohibido acudir a los corregidores u otras instancias de la jurisdicción.

Con el paso del tiempo fueron surgiendo hermandades similares en otros lugares, y los Reyes Católicos acabaron refundiéndolas en 1476 con el nombre de Real Hermandad General. La Santa Hermandad de Toledo, Ciudad Real y Talavera pasó entonces a conocerse como la Santa Real Hermandad Vieja.

Pertenecer a la hermandad ciudadrealeña suponía relevancia social, ventajas fiscales y permiso para utilizar armas de fuego. De la misma manera, los Reyes Católicos eximieron a sus cuadrilleros a pagar algunos impuestos, y quedaban excluidos de ciertas prestaciones personales en el concejo y en los sorteos militares.

Posteriormente el rey Fernando IV de Castilla y León les concedió el “Derecho de Asadura”, que consistía en cobrar en carne de cada manada o rebaño de ganado que pastaba en los montes de Toledo o los cruzaba. De la misma forma, el rey Carlos I les concedió autoridad sobre las llamadas Penas de Cámara, que eran delitos por traición o herejía. Los requisitos para poder acceder a la institución eran limpieza de sangre, buena fama personal y familiar o no haber ejercido oficios viles.

La Hermandad de Ciudad Real ha quedado históricamente vinculada a la barbarie de sus sentencias. La pena capital por asaetamiento fue abolida en 1532 por Carlos I, quien tuvo la delicadeza de sustituirla por la horca. También fueron frecuentes las condenas a galeras en las minas, sobre todo en época de Felipe II, y en el siglo XVIII se practicaron el destierro y los azotes. Por suerte la mayoría de sentencias acababan en multa…

Y ojo, hasta 1820 se ajustició por ahorcamiento en la aldea de Peralbillo, y después en la “Torre del Cubo” de Ciudad Real, que se encontraba frente al cementerio, muy cerca de la Puerta de Toledo en la muralla ciudadrealeña.

Hasta el año 1934 la cárcel de la Santa Hermandad de Ciudad Real estuvo ubicada en la calle Ruiz Morote, y el edificio se derribó en la década de los años cincuenta del siglo pasado para construir la actual Delegación de Hacienda. La cárcel tenía enfrente la puerta del Perdón de iglesia de San Pedro, cuyo nombre surgió de la costumbre de solicitar la noche antes de la ejecución de un reo el perdón de su alma y el dinero necesario para su entierro. Una cofradía recaudaba fondos para estos tristes menesteres desde una mesa instalada en la puerta.

En el siglo XIX la institución se convirtió en honorífica. La disolvió la reina Isabel II en el año 1835, y ocho años después se creó el cuerpo de la Guardia Civil.

Y nada más que decir. Aquí termina esta pequeña historia sobre el antiguo orden de nuestra querida ciudad. Como suele ser costumbre, me gustaría cerrar con una cita que creo habría hecho pensar a los antiguos cuadrilleros.

Dice la activista Aung San Suu Kyi: “La verdadera medida de la justicia de un sistema es la cantidad de protección que garantiza a los más débiles”.

Buen día a todos.


Fuentes: Wikipedia, Ciudad-Real.es, Monumental.miciudadreal.net, TodaCultura.com
Foto: Blog.libros.universia.es


EL ORIGEN DE NUESTRAS EXPRESIONES FAVORITAS


CIUDAD REAL DIGITAL
BARRICADA CULTURAL
20/07/2015
Por Eva Martínez Cabañas






Hoy tenemos clase de lengua. Si les apetece aprendemos y nos divertimos con el origen y significado de algunas frases muy conocidas y utilizadas por la mayoría de nosotros. Bienvenidos de nuevo al cole...

Hecha la ley, hecha la trampa

La sentencia procede del libro Secreto Tíbet, de Fosco Moraini, donde se nos cuenta cómo una comunidad de monjes japoneses, los cuales tenían una regla que solo les permitía comer carne de animal marino, decidieron llamar “ballena silvestre” al jabalí para poder comerlo sin remordimientos.

Más vale tarde que nunca

La frase tiene su origen en Diógenes Laercio, historiador griego del siglo III, quien encontrándose en la vejez, expresó su deseo de estudiar música. Alguien cercano a él le recordó al sabio que ya era demasiado mayor para eso, a lo que el sabio respondió con la célebre sentencia.

Apaga y vámonos

Se utiliza para expresar que algo toca a su término o cuando se ve u oye algo disparatado o absurdo. Procede de lo sucedido hace siglos entre dos curas del pueblo de Pitres, en Granada, quienes aspiraban a una capellanía castrense. Ambos rivales apostaron quién podría decir la misa más rápido, y cuando llegó el día señalado el primero subió al altar y dijo “Ite, misa est”, que quiere decir “Hemos celebrado la misa, podéis ir en paz”. El segundo cura, viendo que su rival le llevaba ventaja, miró al monaguillo y le dijo: ”Apaga y vámonos”, con lo que nadie dudo que su misa había sido la más breve.

Armado hasta los dientes

Se refiere a alguien excesivamente armado. La expresión procede de los antiguos corsarios y piratas que, necesitando tener las manos libres, abordaban las naves enemigas con el puñal en la boca.

Al buen tun tún

Se utiliza cuando una tarea se lleva a cabo sin cuidado. Proviene de la locución latina “ad vultum tuum”, que aparece en el salmo 27 de la Biblia: “Te mens anhelat, vultus ad vultum tuum...” Significa “la mente que anhela, mirándote a la cara...” Como el pueblo llano no entendía lo que decían las misas en latín, aprendió la locución fonéticamente y le dio el significado que consideró oportuno.

Ahí le aprieta el zapato

Se utiliza cuando se descubre el punto débil de alguien o se hace referencia a algo que molesta especialmente. Proviene de un antiguo cuento castellano: Un zapatero fue a ver al cura y le expuso que quería separarse de su esposa. Entonces, el párroco quiso disuadirlo relatándole las cualidades de la mujer “es bella, es buena cocinera, es una cristiana piadosa...” El zapatero mostró sus zapatos al cura y le preguntó que le parecía el par, a lo que el cura respondió “me parecen unos hermosos zapatos, hechos con una piel muy buena y parecen cómodos”. El zapatero replicó “así es, padre, pero usted no puede saber dónde me aprietan”.

Atar los bártulos

Es sinónimo de exageración en la demostración de la opulencia y el derroche. Bartulo de Sasso-Ferrato, del siglo IV, fue el jurista más influyente de todos los tiempos y artífice del Derecho Privado Común. Fue profesor de Derecho en las universidades de Pisa, Bolonia, Perusa y Padua y dio origen al nombre de Bartolo. Sus obras estaban contenidas en trece tomos que servían de estudio a los alumnos de Derecho de toda Europa. Los estudiantes españoles tomaban nota de las enseñanzas que les enseñaban del ilustre jurista, y al terminar la clase ataban sus apuntes por medio de cintas o correas. Estos papeles eran conocidos como bártulos en la jerga estudiantil.

Armarse la de Dios es Cristo

Expresa el desencadenamiento de un gran escándalo donde los participantes se gritan entre sí. Procede de las controversias y enfrentamientos que surgieron en el transcurso del primer concilio ecuménico de Nicea (en la actual Turquía) que se celebró en el siglo IV. Allí se discutió la doble naturaleza de Jesucristo, que resultó ser humana y divina.

Atar los perros con longaniza

La expresión denota una exageración en la demostración de opulencia y derroche. Su origen se data en el pueblo salmantino de Candelario. Allí vivía Constantino Rico, conocido como “el choricero” debido a su oficio, y que fue inmortalizado en el siglo XVIII por el pintor Francisco Bayeu y Subías (el tapiz se exhibe en el palacio de El Pardo). El choricero tenía su fábrica instalada en los bajos de su propia casa, y en ella trabajaban varias obreras. Una de ellas, apremiada por el trabajo o por simples ganas de reír, ató a un perrito a la pata de un banco utilizando para ello una ristra de longanizas. Al poco tiempo entro un muchacho, hijo de otra operaria, y presenciando la escena divulgó que en casa del tío Rico se ataban los perros con longaniza.

Ancha es Castilla

Significa tener mucho sitio para llevar a cabo algo. Procede de los tiempos de la Reconquista, cuando los desolados campos castellanos eran el lugar perfecto para iniciar negocios y encuentros.

Quien se fue a Sevilla perdió su silla

La expresión procede del siglo XV, cuando Alfonso de Fonseca y Ulloa, prelado de Sevilla (e hijo del arzobispo de Santiago) fue nombrado arzobispo de Compostela. Debido a las trifulcas gallegas de la época, Fonseca decidió ir personalmente a Santiago para preparar su nombramiento. Cuando regresó a Sevilla comprobó que su sobrino le había robado el cargo de prelado.

Santa Rita, lo que se da no se quita

Cuentan que una doncella pidió un novio a Santa Rita de Cassia, abogada de los imposibles y a los pocos días le salió un pretendiente. Pero el mozo no estuvo mucho tiempo con ella, por lo que la muchacha se plantó delante de la imagen y proclamó la popular frase.

Esto es Jauja

Es una expresión que se utiliza cuando queremos describir abundancia o bienestar. Jauja es una provincia peruana célebre por la fertilidad de su suelo, su bello paisaje y su aire saludable. También tiene fama de ser el lugar perfecto para enfermos con problemas respiratorios. Los peruleros o indianos enriquecidos en América trajeron esta fama hasta España, y la fantasía popular le atribuyó las mismas cualidades que al paraíso terrenal.

Que si quieres arroz, Catalina

Se utiliza cuando alguien no atiende o desoye lo que se está diciendo. Cuentan que Catalina era la esposa de un judío converso nacida en tiempos de Juan II de Castilla. La señora consumía grandes cantidades de arroz y recomendaba a todos su ingestión como remedio a cualquier mal. En su lecho de muerte, los vecinos se reunieron en torno a ella y le proclamaron la frase, pero ella hizo oídos sordos, lógicamente.

Otro vendrá que bueno me hará

En la antigua Roma, en tiempos de Dionisio el Antiguo en el siglo IV a.C, una anciana de Siracusa rogó a los dioses que alargaran la vida del tirano que gobernaba en aquel momento. Este quedó sorprendido y le preguntó a la mujer por qué le tenía tanta devoción, a lo que ella contestó: “Siendo niña, tuvimos un tirano muy cruel. Rogué a los dioses que se lo llevasen y me oyeron. Pero después vino otro peor, y también rogué por su muerte. Ahora has llegado tú, que no eres mejor que ellos, y escarmentada pido a los dioses que te den una larga vida”.

A buen entendedor, pocas palabras bastan

Se cuenta que un mendigo pidió ser recibido por el cardenal Mazarino, primer ministro de Luis XVI para hacerle saber la penuria que padecía. El ministro accedió a condición de que el hombre expresara sus deseos en dos palabras. Obediente, el hombre dijo: “Hambre, frío”, a lo que Mazarino, volviéndose a su secretario contestó: “Comida, ropas”, dejándonos así un valioso ejemplo de síntesis a todos.

Mandar a la porra

Antiguamente, en los regimientos militares el tambor mayor portaba un largo bastón al que se llamaba porra. Se hincaba en un lugar determinado del campamento y allí se enviaba a los soldados sancionados con el arresto. Hoy en día la frase conserva la carga despectiva.

Marcharse a la francesa

Durante el siglo XVIII, se puso de moda en la alta sociedad francesa la costumbre de no despedirse al abandonar una reunión, ya que hacerlo se consideraba de mala educación. En España se adoptó la frase para reprobar el comportamiento de quien se ausenta sin despedida alguna.

Entrar con el pie derecho

La expresión hace referencia al comienzo correcto o favorable de algo. Su procedencia fue la liturgia de la misa, ya que en los antiguos misales se prescribía que el cura celebrante de la misa subiera las gradas del altar iniciando el paso con el pie derecho.

Prometer el oro y el moro

Se emplea esta ironía cuando alguien hace una promesa exagerada o que no piensa cumplir. Su origen se remonta al siglo XV. Cuenta la historia que el árabe Abdalá (alcalde de la malagueña Ronda), su séquito y su sobrino Hamet fueron apresados por un grupo de caballeros cristianos y gaditanos de Jerez. Abdalá pagó una fuerte suma de dinero por el rescate, pero solo él fue puesto en libertad. El suceso llegó a oídos del rey castellano Juan II, quien ordeno que el sobrino también fuese liberado. Los captores exigieron entonces cien doblas de oro por el rescate del cautivo. Como el rey hizo trasladar al prisionero a la corte, todos pensaron que lo que verdaderamente interesaba al monarca era tener cerca al moro para reclamar el oro.

Y con esto y un bizcocho… Que tengan un buen verano.
  

Fuentes: Muy Interesante.com, Errores históricos.com, blog Origen Lenguaje, Fundación de la Lengua Española y El historiador.es
Foto: Listas.20minutos.es

CIUDAD REAL CÉLEBRE: LA CASA DEL ARCO


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
13/07/2015
Por Eva Martínez Cabañas




Esta la conocemos todos…Tic, tac, tic tac… El inmueble está situado en nuestra polivalente Plaza Mayor, frente al actual Ayuntamiento. Su historia es curiosa, dramática, y poco conocida.

La casa medieval perteneció al rabino judío Alvar Díez, uno de los personajes más significativos de una época en la que se obligó a los semitas a “convertirse” primero y a abandonar sus bienes y tierras después. Eran los tiempos en los que la Inquisición se había instalado en nuestra ciudad junto a la intolerancia y el abuso, trocándose en una de las mayores sinrazones de la historia que acabó con los judíos ciudadrealeños y con la prosperidad de la ciudad.

Este era el clima que se vivía cuando en 1484 el Concejo de la ciudad solicitó la confiscación de la casa del judío. Para ello aprovechó la visita de Isabel la Católica. El propósito era situar allí la Casa Consistorial de la que carecíamos, la reina autorizó su apropiación, y las Cortes de Toledo ordenaron la realización del proyecto. El nombre del arquitecto era Manuel Pérez Valenzuela, y las obras pudieron finalizarse gracias a la donación de 120.000 maravedíes por parte de Carlos I y de su madre.

De esta manera La Casa del Arco fue Ayuntamiento hasta 1865. Contaba con una única planta y fue terminado en 1526. El llamativo arco de piedra se añadió en 1619, y más tarde el balcón de hierro por orden de Francisco Fernández, Corregidor de Ciudad Real. Como en 1755 el terremoto de Lisboa destruyó el edificio, el arco de piedra se sustituyó por otro de ladrillo. Sin embargo, durante los siglos XVIII y principios del XIX el edificio se fue deteriorando hasta declararse en ruinas, por lo que se construyó un nuevo Consistorio.

El inmueble es uno de los más antiguos de la provincia, y en el interior de su arco se encuentra una reproducción de la Purísima Concepción con un farol, que son del siglo XVII. Lo siento, señor rabí… la historia es así de surrealista…

En la actualidad la casa de Alvar Díez también es conocida como la Casa del Reloj, ya que en 2005 se instaló allí un carillón con figuras autómatas para conmemorar el IV Centenario de la primera parte del Quijote. Este mismo año también se celebró el 750 aniversario de la fundación de Ciudad Real, así que desde entonces, y al son de una melodía popular, las figuras de Cervantes, Don Quijote y Sancho nos saludan desde la balconada haciendo las delicias de niños y turistas. El reloj fue construido por la empresa Cándido Valverde, y fue inaugurado por nuestros actuales reyes, que en aquel momento eran príncipes de Asturias.

Como anécdota les cuento que el mismo año de la inauguración del carillón, un grupo de ciudadrealeños viajamos a la leonina Astorga. Nunca olvidaré la cara de asombro de la guía al escuchar decir a los turistas que los muñecos de Ciudad Real eran mucho más grandes que los maragatos... Señores y señoras: la antigüedad es lo de menos… ¡el tamaño es lo que importa!

¿Terminamos con una cita que nos haga reflexionar? Decía el poeta Jorge Teillier: “El reloj murmura que es preciso dormir, olvidar la luz de este día que no era sino la noche sonámbula, las manos de los pobres a quienes no dimos nada”.

Dong, dong, dong… Aquí les dejo el horario del carillón. No olviden llevar a sus niños.

1 DIC-9 ENE (villancico): 12:00, 13:00, 18:00, 19:00, 20:00 horas
10 ENE-11 MAY: 12:00, 13:00, 18:00, 20:00 horas
12 MAY-30 SEP: 12:00, 13:00, 20:00, 21:00 horas
1 OCT-30 NOV: 12:00, 13:00, 18:00, 20:00 horas

Fuentes: Ayuntamiento de CiudadReal.es, Ciudadreal.wordpress.com, Wordpress.com, Congresoturismocinegetico.es
Foto: El paísquenuncaseacaba.blogspot.com