viernes, 27 de marzo de 2015

CIUDAD REAL CÉLEBRE: LA JUDERÍA


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
16/03/2015
Por Eva Martínez Cabañas




En la España medieval convivían las tres grandes culturas de la época: musulmana, cristiana y judía. Sin embargo, su coexistencia no tenía nada de pacífica. Los cristianos y musulmanes se mataban entre ellos en cruentas batallas hasta que, tras ocho siglos, los primeros consiguieron expulsar del todo a los segundos. Los judíos también tuvieron que abandonar el territorio acosados por los cristianos. 

La judería de nuestra ciudad estuvo situada alrededor de la iglesia de Santiago y donde hoy se encuentran las calles Toledo, Mata, Estrella o Ángel entre otras. Dicen algunos textos que, con casi dos mil judíos, llegó a ser una de las mayores comunidades sefardíes de Castilla.

Nos quedan algunos vestigios como la puerta de la sinagoga, que fue hallada al realizar obras frente a la calle Libertad; o un precioso azulejo que se exhibe en el Museo Provincial junto a otros objetos de la época. También se conserva una puerta de estilo mudéjar del siglo XIV encontrada en la calle Estrella, y que está expuesta en el patio trasero del edificio del Rectorado. 

La Casa del Arco, situada en la Plaza Mayor con el carillón del Quijote, fue propiedad del rabí judío Alvar García en el siglo XV. En 1479 los Reyes Católicos se la embargaron y la regalaron a la ciudad para que esta tuviese un ayuntamiento.

En la iglesia de Santiago Apóstol apareció su cementerio medieval con varias lápidas judías reutilizadas. Un albañil lo descubrió por casualidad a mediados del siglo XX, junto a una red de estancias subterráneas con vasijas rojas y azules llenas de ceniza y colocadas en anaqueles de madera. El descubridor aseguró que pasó a través de varias galerías con puertas y escalones desde la calle Libertad hasta la plaza de las Terreras, donde salió por una alcantarilla. Recordemos que nuestra ciudad cuenta con amplia red subterránea de pasadizos y galerías originadas por el río Guadiana. Las vasijas quedaron bajo tierra cuando se selló la estancia. 

Lamentablemente, el terremoto de Lisboa de 1755 y el uso de esta como fortín contra las tropas napoleónicas en 1809 (calle Toledo y Cuartel de la Caridad), acabaron destruyendo lo que nos quedaba de la aljama o barrio judío.

A partir del siglo XIV, aquellos sefardíes de la comunidad fueron convirtiéndose en masa al cristianismo debido a las presiones. Así aparecen los judíos conversos. En el siglo XV la aljama fue asaltada y masacrada, y cuando la Inquisición se instauró en la ciudad, huyeron en masa. Siglos después fueron instalándose en el lugar pescadores y agricultores cristianos en lo que hoy conocemos como barrio El Perchel. Un perchel es un aparejo de pesca donde se cuelgan las redes.

Y no me queda más remedio que hablar de ellos…

Dijo el historiador William James Durant: “Tras tolerar todo lo que debe tolerar el historiador y lo que se le permite al cristiano, tenemos que clasificar la Inquisición, junto con las guerras y persecuciones de nuestro tiempo, entre las manchas más negras en la historia de la humanidad, la manifestación de una ferocidad desconocida hasta en las bestias”.

Sabemos cómo se la gastaba la institución pontificia. Para muestra, dos botones:

“Si alguno fuere hallado después de este término (el Domingo de Pasión), será quemado vivo y de su hacienda se harán tres partes: una para el denunciante y dos para el fisco. Los castellanos y señores de lugares arrojarán de igual modo a los herejes que haya en sus tierras, concediéndoles tres días para salir, pero sin ningún subsidio”.

“Sépase que si alguna persona noble o plebeya descubre en nuestros reinos algún hereje y le causa males, deshonras y gravámenes, con tal de que no sea la muerte o el descoyuntamiento de miembros, que lo tendremos como grato y acepto, sin temer que pueda incurrir en pena alguna, antes bien, merecerá nuestra gracia; y después de expoliarles sus bienes y de la deshonra y gravamen que puedan inferirles, los han de traer a nuestros vicarios y frailes para que les apliquen la justicia” (Ordenanza de Pedro Segundo el Católico, rey de Aragón, 1197).

Busco en el diccionario la palabra “hereje” y se aplica a una persona que niega alguno de los dogmas establecidos por una religión o que disiente o se aparta de la línea oficial de opinión seguida por una institución, organización o academia. También es sinónimo de desvergonzado, descarado, procaz, desagradable, perjudicial o pernicioso. 

En el seno del autodenominado Santo Oficio correspondía a los obispos condenar a los herejes con la expulsión o excomunión. Y fue la propia Iglesia la que impulsó el apoyo de los tribunales seculares, ya que por derecho canónico, estaba prohibido que los tribunales eclesiásticos dictaran condenas que supusiesen derramamiento de sangre. Así que buscaron apoyo secular. Fueron los reyes católicos quienes solicitaron al papa la instauración de la Inquisición española en Castilla y Aragón.

Las medidas antisemitas ordenaban que estos se dejaran barba y llevasen un distintivo rojo cosido a la ropa para poder ser reconocidos. A finales del siglo XIV quedaba una cuarta parte de judíos en Castilla que un siglo antes.

También surge el término converso, que se aplica a aquellos judíos que se bautizaron cristianos y a sus descendientes. Para salvar la piel, muchos de ellos cambiaron sus apellidos y se denominaron a sí mismos cristianos viejos. Se ganaban la vida como comerciantes, prestamistas o artesanos, y ocuparon puestos influyentes en los consejos municipales o incluso en el clero. 

Cuando en 1474 accede al torno Isabel I de Castilla, esta tiene como prioridad restablecer el orden en el reino y garantizar la propiedad privada de todos sus vasallos. Dice un texto de la época: “Tomo bajo mi protección a los judíos de las aljamas en general y a cada uno en particular, así como a sus personas y sus bienes; les protejo contra cualquier ataque, sea de la naturaleza que sea…; prohíbo que se les ataque, mate o hiera; prohíbo asimismo que se adopte una actitud pasiva si se les ataca, mata o hiere…” Pero también toman medidas contra los conversos a petición del prior dominico de Sevilla, ya que estos circuncidaban a sus hijos, celebraban el Sabbath, la Pascua judía o enterraban a sus muertos según el ritual semita. Aunque la reina Isabel se resistió al principio a usar la fuerza contra los conversos, los Reyes Católicos acabaron nombrando inquisidores en Sevilla, ya que pensaban que esta obligaría a los conversos a integrarse. Así nada distinguiría a unos y a otros y acabarían las disputas de una vez por todas. 

La noticia de la llegada de los inquisidores provocó el pánico entre los conversos y muchos de ellos huyeron a Portugal, Francia o al norte de África. La inquisición ordenó a los señores que dejaran de proteger a los conversos bajo pena de ser acusados de complicidad y de obstrucción al Santo Oficio. Los judíos que no huyen hicieron frente a la Inquisición, pero su complot en Sevilla es descubierto y los conjurados son detenidos y condenados a muerte. Fueron las primeras víctimas de la Inquisición.

Ciudad Real fue una de las primeras ciudades que albergó un tribunal del Santo Oficio desde 1483 a 1485. La instauración en la ciudad se debió a su buena posición geográfica en el camino hacia Andalucía, y por su importante comunidad de cristianos nuevos. Pretendió ser un ensayo social con la idea de trasladarlo posteriormente a Toledo, y la ciudad admitió el tribunal mansamente. 

Los inquisidores de Ciudad Real fueron un licenciado y canónigo en Burgos, un fiscal, un asesor, cuatro pesquisidores, una serie de colaboradores conversos y algunos miembros de la aristocracia local. La sede del tribunal se situó en la Casa del Corregidor, situada en la calle Libertad, a la que también se conoció como la calle de la Inquisición o del Quemadero. La casa existió hasta 1990.

Los primeros procesados fueron un matrimonio ausente de la ciudad, que eran figuras referentes de la comunidad conversa. Él era recaudador y regidor del concejo, y fue detenido como “jefe de los herejes”. 

El tribunal actuaba todos los días salvo domingos y fiestas de guardar. En algunas sesiones hubo más de cuarenta implicados. 

Para no acabar con el mal sabor de boca de la Inquisición, les dejo con un antiguo refrán judío: “La alegría es el mundo de la libertad”. Particularmente, me resulta curioso que la calle donde estuvo situado el edificio más importante del pueblo más perseguido de la historia, hoy tenga el nombre de Libertad. El paso de los siglos a veces remata las historias de manera muy particular.


Fuentes: Ciudad-Real. es, Wikipedia, ciudadreal.worpress.com, cervantesvirtual.com, Ciudad Real Monumental.
Foto: Retalesdemitierra.blogspot.com


miércoles, 11 de marzo de 2015

SECRETOS Y ÓLEOS


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
09/03/2015
Por Eva Martínez Cabañas





Cuando queremos esconder un tesoro personal normalmente buscamos una caja fuerte, un recóndito cajón, un hueco perdido en la pared, un calcetín viejo, o la caja de lata de nuestra abuela. Sin embargo, algunos de los grandes pintores de otras épocas prefirieron guardar sus secretos a vista de todos y en sus propios cuadros. El que sepa ver, que vea… Lo esencial es invisible a los ojos… Y es que el mejor lugar donde esconder un diamante es dentro de un bloque de hielo.

En el programa “Cumbres” de TVE, la montañera Edurne Pasabán regalaba al escritor Javier Sierra una lámina de “El triunfo de la muerte” de Pieter Brueghel el Viejo, cuyo original se expone en el museo del Prado de Madrid; y nos contaba que cuatro de los esqueletos tenían forma de letra y formaban la palabra “Vida”. En esta pintura medieval la muerte arrasa con todo lo que encuentra a su paso de una manera cruda y claustrofóbica que recuerda a El Bosco. Sin embargo, en sus mismísimas entrañas, la “vida” encuentra su lugar como un secreto solo a disposición de los ojos más entrenados.

Buen tema sobre el que aprender, pensé, así que me puse a recopilar otros casos similares. Esto fue lo que encontré:

En el Medievo y posterior Renacimiento, los pintores y escultores contaban con escasa libertad a la hora de componer sus obras, ya que eran los mecenas los que generalmente pagaban y dirigían. Por esta causa, los artistas solían esconder mensajes cifrados para revindicar su manera de pensar.

El músico Giovanni María Pala expone en su libro “La música oculta” cómo el cuadro “La última cena de Leonardo Da Vinci” esconde una frase musical perfectamente estructurada y reproducible; “Un réquiem que acompaña el momento dramático del encuentro de Jesús con sus apóstoles”, según sus propias palabras. El músico observa un pentagrama en la pintura, donde las hogazas de pan y las manos de los apóstoles y Jesús representan notas musicales. La obra original está en el convento dominico de Santa Maria delle Grazie de Milán.

La llamada “Madonna de Saint Giovannino”, también oculta un misterio. El lienzo medieval es del pintor italiano Domenico Ghirandaio, y se custodia en el palacio Vecchio de Florencia. En la parte superior de este cuadro podemos ver un objeto volador con apariencia de OVNI que es observado por un hombre que levanta el brazo. Y existen más cuadros donde podemos ver platillos voladores.

El cuadro “El viejo pescador” del expresionista húngaro Csontváry también oculta un pequeño juego: si se coloca un espejo en la mitad del lienzo, se puede ver la cara de Dios al reflejar el hombro derecho del viejo, y la cara del diablo, si se refleja el hombro izquierdo. 

Sin embargo, uno de los reyes del misterio pictórico es sin duda nuestro Leonardo Da Vinci. ¿Recuerdan la novela y película “El código Da Vinci”?

Silvano Vinceti, presidente del Comité Nacional para el Patrimonio Cultural de Italia, afirma que, invisibles al ojo humano y pintadas en negro sobre verde-marrón, Leonardo Da Vinci trazó letras y números en los mismísimos ojos de La Gioconda. Y nos dice: “En el ojo derecho aparecen las letras LV que podrían ser las iniciales de Leonardo Da Vinci y en el izquierdo también hay símbolos. Estos últimos son difíciles de identificar plenamente, pero parecen las letras CE. O podría ser la B”. El historiador también nos cuenta que en el arco de uno de los ojos se encuentra escrito el número 72, la L mayúscula o el número 2. Leonardo sabía divertirse en el trabajo. De la misma forma, un equipo de investigación de la Universidad de Bamberg en Alemania también ha estado estudiando el enigmático cuadro. Al compararla con la copia recién restaurada que alberga el Museo del Prado de Madrid se ha descubierto que los fondos de la pintura fueron realizados siguiendo la técnica de esterografía, la cual representa objetos tridimensionales en un plano por medio de proyecciones. Así, los dos cuadros son las dos mitades de una misma imagen 3D, pero mostrando una perspectiva distinta. Podemos encontrar el cuadro en el museo Louvre de París, detrás de un montón de turistas…

Pero sin duda el secreto más espectacular y mejor guardado, según mi criterio, lo constituye la Capilla Sextina del Vaticano.

Miguel Ángel Buonarroti plasmó su visión científica del Universo en una época donde los dogmas de la Iglesia eran los únicos que podían abrazarse. El pensamiento fuera de esta creencia era causa de apresamiento o incluso de pena de muerte, por lo que era realmente arriesgado exponer los propios pensamientos. 

Este fue el caso del escultor florentino, a quien el papa Julio II obligó a decorar el techo de la estancia. Miguel Ángel se había instruido en las antiguas escuelas de misterios, que eran instituciones masónicas secretas donde se enseñaba conocimiento esotérico. La manera que tuvo de vengarse de la imposición del papa fue ocultar algunos conocimientos de anatomía entre sus frescos.

Además omitió las figuras de Jesús, Juan el Bautista, los apóstoles Pedro y Pablo, la virgen María, los evangelistas o los mártires. Y sí incluyó a personajes judíos del Antiguo Testamento. También pintó cinco sibilas del mundo antiguo, que mujeres capaces de entrar en contacto con los dioses y canalizar las respuestas de estos.

En el siglo XVI, la medicina como ciencia apenas empezaba a dar sus primeros pasos, y las disecciones humanas estaban terminantemente prohibidas. Sin embargo, tanto Miguel Ángel como Leonardo Da Vinci estaban a la vanguardia sobre anatomía humana. Miguel Ángel tuvo acceso a este aprendizaje siendo un joven de diecisiete años, ya que mantenía buenas relaciones con el padre superior de la iglesia del Santo Espíritu, que estaba adjunta a un hospital. Allí el artista diseccionó y estudió los cadáveres de criminales y vagabundos que no eran reclamados por sus familias. El artista llegó a tener su propio cuarto dentro de la iglesia.

La indignación del artista ante la falta de espiritualidad de los altos cargos de la Iglesia quedó patente en una carta que envió a un amigo al terminar de pintar los frescos de la capilla. Se expresa así:

“Aquí hacen cascos y espadas con cálices. Y venden la sangre de Dios al por mayor, su cruz y sus espinas las convierten en lanzas y escudos; pero incluso así la paciencia de Cristo aún llueve sobre ellos. Pero esperemos que él no venga más y que su sangre se eleve hasta las estrellas ya que, ahora, su sangre se vende en Roma y todos los caminos hacia la virtud están cerrados”.

La obra narra la creación del mundo. En centro encontramos “La Creación de Adán”, donde Dios aparece envuelto en una especie de nube-manto color escarlata que representa con gran exactitud la forma de un cerebro humano, con sus arterias, glándulas y nervios ópticos, y visto en un corte lateral. 

Miguel Ángel dejó el fresco denominado “Separación de la luz y la oscuridad” para el final, pintándolo a escasos cuatro meses de la inauguración de la capilla. Este panel oculta otra imagen del cerebro humano aún más detallada que la de “La Creación de Adán”. El cerebro está oculto en el cuello de Dios.

También se puede contemplar la forma de un riñón en otro panel, “La separación de la Tierra del Agua”, y es sabido que el artista sufría de piedras en ese órgano.

Dicen que nuestro genio sufrió lo indecible tumbado de espaldas en un andamio durante cuatro años, de donde no bajaba ni para comer. Para llevar a cabo su plan despidió a todos los asistentes asignados por el papa y contrató ayudantes florentinos con experiencia en frescos y que supiesen tener la boca callada. Posteriormente, llegó a destruir todo el trabajo que el equipo había realizado porque la pintura se desprendía del techo. Nuestro artista continuó pintando casi solo después de haber sufrido dos caídas del andamio y la pérdida de visión por el polvo del yeso. 

Dijo en una ocasión Miguel Ángel: “Dime, oh Dios, si mis ojos realmente la fiel verdad de la belleza miran, o si es que la belleza está en mi mente y mis ojos la ven doquier que giran”.

Aquí se acaba esta pequeña historia de grandes secretos. Espero que les haya entretenido.


Fuentes: Muy Historia.es, Lo que no sabías.com, Taringa! Inteligencia Colectiva, Emol.com, Arucas Blog, Blog Meridianos, Muy Interesante, Contenido, Los Divulgadores, Pijama Surf, Wikipedia.

 
 

miércoles, 4 de marzo de 2015

CIUDAD REAL CÉLEBRE: EL CHANTRE FERNANDO ALONSO DE COCA


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
02/03/2015
Por Eva Martínez Cabañas



 
Chantre o capiscol era el nombre que se aplicaba dentro de la Iglesia católica al maestro cantor del coro de las catedrales. El cargo también existía dentro de algunos monasterios, y era responsabilidad del chantre organizar las procesiones y conservar los libros en ausencia del bibliotecario. Vestían con una ropa especial, y portaban una batuta o bastón cantoral durante el cumplimiento de sus funciones. Hoy en día el cargo está en desuso.

Pues bien, Fernando Alonso de Coca fue chantre de Coria (Cáceres), capellán de los Reyes Católicos, confesor de Isabel I de Castilla y canónigo-fabriquero de Sigüenza (Guadalajara), donde estuvo encargado de todo lo relativo a las obras de la catedral.

Además dirigió parte de la construcción de la iglesia de San Pedro en Ciudad Real, por lo que se ganó una capilla en el templo donde ser enterrado. Como reconocimiento a su trabajo en Guadalajara, su sepulcro tiene algunas semejanzas con otro muy conocido: el Doncel de Sigüenza, que está considerado uno de los máximos exponentes del arte funerario español. Se trata de la figura de un caballero de la Orden de Santiago que lee un libro recostado durante un descanso de la campaña de Granada. Fue allí donde murió este joven militar perteneciente a la baja nobleza seguntina del siglo XV. Se llamó Martín Vázquez de Arce, fue paje del primer duque del infantado, tuvo una hija de nombre Ana y falleció a los veinticinco años de edad en el campo de batalla. El padre de Martín, secretario de la poderosa familia Mendoza, fue quien mandó construir el monumento a su hijo. En aquella época las estatuas funerarias representaban a los fallecidos dormidos y con los ojos cerrados, por lo que la postura, ojos abiertos y el libro son un enigma que ha afamado al personaje. En la capilla de Coca, además del chantre también están enterrados sus padres.

El chantre de Coca tuvo su casa en el lugar donde hoy se encuentra el número diecisiete de la calle Real, conocida con el nombre de Palacio de Coca. Era de estilo gótico y fue construida en el siglo XV. Lamentablemente la casa ya no existe, aunque a finales de la década de los noventa todavía se mantenía en pie. Como la mayoría de las casas principales de la época, contaba con una cueva y un pasadizo que, a día de hoy, no sabemos dónde conducía. Solamente nos quedan fotografías de sus elementos más importantes: un arco ojival, una preciosa ventana labrada en piedra de sillería, o un escudo.

Este edificio de importancia histórica no estaba incluido en el catálogo de Bienes Protegidos.

Dijo la escritora Concepción Arena en el siglo XIX: “El llanto es a veces el modo de expresar las cosas que no pueden decirse con palabras”.
 

Fuentes: Ciudad-Real.es, ciudadreal.wordpress.com, Real Asociación Española de Cronistas Oficiales, Ciudad Real Monumental, Parroquia San Pedro.com, Rocío Rodríguez Rodríguez., ABC Viajar, RTVE.es.
Foto: Petalusma.wordpress.com
 
 

domingo, 1 de marzo de 2015

EL DRAGÓN AZUL


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
23/02/2015
Por Eva Martínez Cabañas





Hoy me gustaría presentarles a una de las criaturas más bonitas, azules, ramificadas, gelatinosas, plateadas y submarinas con las que me he tropezado últimamente. Hacía tiempo que no hablábamos de animalitos…

Oficialmente se llama Glaucus atlanticus, y es un bichito marinero de la familia de las babosas y los moluscos gastrópodos. Mide menos de 5 cm, y su dorso tiene un intenso color azul eléctrico y plateado. Su vientre es azul claro, y tiene rayas azul oscuro a lo largo del pie. Esta intensa coloración es una seria advertencia para los depredadores que puedan aparecer por encima o por debajo de su situación. También cuenta con seis llamativos apéndices ramificados, muy artísticos y psicodélicos, que le confieren una apariencia espectacular.

No tiene concha, así que desnudito nada en aguas templadas y tropicales, flotando bocabajo sobre la tensión superficial del océano. Lo consigue gracias a un saquito de gas que tiene en el estómago. Prefiere las costas sudafricanas, australianas y europeas, y los científicos todavía no se han puesto de acuerdo de si se mueve por sí mismo o si se deja arrastrar por las corrientes oceánicas.

Se alimenta de medusas y esponjas, y posee la rara cualidad de tomar los venenos de sus víctimas y utilizarlos en su propio beneficio. De esta forma, elaboran ciertos elementos químicos muy tóxicos que a su vez lo protegen de los depredadores. Algunas farmacéuticas, fans de su espectacular toxicidad, están estudiando su ponzoña con posibles aplicaciones en medicamentos.

Sus dientes parecen espadas, en sentido literal, y es depredador incluso de la famosa medusa carabela portuguesa, que como sabemos es uno de los animales más mortales del planeta. De la carabela también selecciona y almacena sus toxinas y nematocistos, y con ellos un veneno mucho más potente y mortal. El veneno que recoge lo almacena en unos saquitos o ceratas que posee en los “dedos” de sus extremidades. Alucinantes poderes... 
También es caníbal si la ocasión es propicia, es hermafrodita, y tras la cópula se reproduce creando una cadena de huevos.

Por todas sus características, es un animalito muy preciado para cualquier acuarista marino, y a mí francamente me ha conquistado.

Pero, ¿vamos a cerrar sin una cita?… Nooo… Esta se la dedico al glauco, por listo y por guapo…

Dijo la escritora Mary Shelley en el siglo XIX: “Vigilaré con la astucia de la serpiente, y con su veneno te morderé. ¡Mortal!, te arrepentirás del daño que me has hecho”. 


Fuentes: Wikipedia, Taringa.net, Ing.puc.cl
Foto: Tuningpp.com
 



MIEDO A LAS COSQUILLAS


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
16/02/2015
Por Eva Martínez Cabañas





Sergio es un competidor de acero dispuesto siempre a alcanzar la victoria en el juego. Por eso aprieta los labios, abre mucho los ojos y me mira desafiante concentrándose en el proceso. Le agarro un pie con firmeza. Se trata de un pie pequeñito, con un calcetín de Spiderman que reparte unas patadas de karateca que ya quisiera el mismísimo Lee. Con toda la intención, procedo a hacerle cosquillas. Si se ríe, pierde.

Pero Sergio aguanta, aguanta y aguanta… Entonces me pregunto por la naturaleza de las cosquillas ¿Por qué las tenemos y para qué sirven? Como curiosa profesional, no puedo menos que investigarlo.

Decía William Shakespeare en el Mercader de Venecia: “Si nos pinchan, ¿acaso no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿acaso no reímos?”.


Nos cuenta nuestra querida y objetada Wikipedia: “Las cosquillas son una sensación que se experimenta en algunas partes del cuerpo cuando son ligeramente tocadas, que consiste en cierta conmoción desagradable que suele provocar involuntariamente la risa. También pueden producirse cuando se efectúa presión en dichas zonas, y especialmente cuando lo realiza otra persona con un vínculo afectivo. Por condicionamiento, también se generan cuando el sujeto cree que va a ser tocado. Son inicialmente placenteras, pero al cabo de cierto tiempo se vuelven desagradables”. Como definición me parece completa, pero sin embargo me sorprende que algo tan sencillo pueda necesitar tantas palabras para poder explicarse. 

Sabemos que constituyen una parte importante del juego y de la seducción, ya que cuando hacemos cosquillas a alguien, este intenta escapar, ríe y procura devolvérnoslas. Además, sabemos que son siete veces más probables con alguien del sexo contrario; en las mujeres son más intensas, sobre todo en la planta del pie, y los hombres las padecen más en los genitales y en el pecho.

La contracción que producen fortalece y relaja los músculos del cuerpo, y además nos provocan placer… al menos al principio. Las zonas donde más las experimentamos son axilas, costados, vientre, rodillas, plantas de los pies y cuello. Se producen desde los primeros meses de vida, y la capacidad de sentirlas disminuye a partir de los cuarenta años.

La ciencia explica el proceso como parte de una programación neurológica que establece vínculos personales. Es una actividad de comunicación innata, y no podemos hacemos cosquillas a nosotros mismos ya que nuestro cerebro anticipa nuestros propios movimientos bloqueando la sensibilidad que provoca el tocamiento. Pero curiosamente, los esquizofrénicos que sufren delirios de pasividad sí pueden hacerse cosquillas a sí mismos. 

Pero ¿por qué al principio resultan placenteras si se realizan con suavidad, y cuando se prolongan o se hacen intensas resultan irritantes y molestas? 

Pues porque en realidad son una reacción de autodefensa del organismo. Posiblemente se trata de un instinto primitivo que obliga a reaccionar al cuerpo a posibles ataques de arañas o escorpiones mortíferos que caminen sobre nuestra piel. También se relacionan con un mecanismo primitivo que implica la sumisión de la persona que las recibe, y que está vinculada a la evolución del hombre y el desarrollo de su autoconciencia. La ciencia siempre encuentra la explicación evolutiva en nuestros orígenes sapiens sapiens…

El doctor Alan Hirsch, de la fundación “Smell & Taste Treatment and Research Foundation”, afirma: “Cuando se hacen cosquillas a alguien, en realidad se estimula las fibras nerviosas amielínicas que causan dolor”.

La universidad alemana de Tubinga también estudió estas reacciones cerebrales. La conclusión a la que llegaron fue que, si no provocasen tanta risa, la persona que las recibe podría reaccionar agresivamente al activarse una actitud defensiva y automática para evitar que el estímulo prosiga.

Es por eso que las cosquillas pueden emplearse como medio de tortura, pudiendo causar espasmos, asfixia o hasta un paro cardiaco si la víctima padece alguna dolencia de corazón.

Los científicos también han estudiado el fenómeno con animales, y como toque de humor recordemos lo que opinaba el poeta y dramaturgo Henrik Ibsen: “Es imperdonable que los científicos torturen a los animales; que hagan sus experimentos con los periodistas y los políticos”. En la primera parte estoy de acuerdo. Parece ser que compartimos la capacidad de tener cosquillas con ratas de laboratorio, primates, perros y algunas aves. 

Emilio Gómez Milán, profesor titular del departamento de Psicología Experimental y Fisiología del Comportamiento de la Universidad de Granada, nos cuenta que para que se produzcan las cosquillas tiene que haber necesariamente una falsa alarma. Esto libera la tensión que provoca el peligro y restablece el equilibrio en nuestra mente. Los desconocidos provocan en nosotros una alarma verdadera, y por eso no sentimos sus cosquillas ni se produce la risa. Es algo parecido a esas situaciones en donde nos partimos de risa cuando alguien se cae en la calle: solo reímos si comprobamos que la persona se encuentra bien.

Y no alargamos más el tema. Aquí finaliza esta mini indagación sobre cosquillas. Espero que les haya servido a la vez que entretenido, pues esa era mi intención.

Una cosa más: “Si la vida no te sonríe, hazle cosquillas”.


Fuentes: Muy Interesante.es, Curiosidades.batanga.com, Wikipedia
Foto: Noticias.terra.es



sábado, 14 de febrero de 2015

SOY UNA EXPLORADORA


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
09/02/2015
Por Eva Martínez Cabañas







Por si no se han dado cuenta, soy una exploradora… Por eso visto de beige, llevo buen calzado, y observo cuidadosamente los rincones que encuentro a mi paso. Como tengo buena vista, veo los peligros venir. Así que tenga presente que si trae el corazón abierto saldré a su paso, pero si su mal talante le precede, no dude que el manto verde de la selva me envolverá hasta hacerme mucho menos visible. 

En mi foresta no gasto machete. Prefiero saltar los obstáculos a destruirlos con torpes y violentos cortes. Y en ocasiones los respiro suavemente hasta que traspasan mi cuerpo como humo de chamán. Solo algunas veces.

Y explorando, explorando busco raíces. No solo las mías, que se salen del tiesto como en las orquídeas, sino también las de árboles y matorrales, las de las patas de las sillas, las de mi pelo, las de familias históricas, raíces electromagnéticas con otros lugares, raíces que alimentan, raíces que conectan como micorrizas, y raíces que me vinculan a ustedes aunque solo sea con guasa y por WhatsApp. 

De igual manera, sigo buscando oro a pesar de que sé dónde está. Un día encontré el tesoro y me lo tragué. Así de sencillo. No tenía suficientes bolsillos y los bancos no son de fiar, así que abrí la boca y llené mi estómago con doradas monedas, perlas de nácar, piedras preciosas, y preciosas piedras. Desde entonces, me siento mejor, y brillo en la oscuridad como los calamares de los abismos. Realmente es una experiencia fantástica. 

En otros tiempos tenía una herramienta secreta: un pincel de pelillos y madera que untaba en exóticos aceites. Era mi varita mágica. Gracias a ella tendía vistosos lienzos a secar al viento. Cientos de docenas y miles de millones de sábanas donde coloreaba el mundo de día después de soñarlos de noche. ¿Quién quiere una obra de Marte? A su entera disposición…

Pero como todo se transforma, mi pincel amigo que olía a aceite de linaza y aguarrás del barato, un día se convirtió en espada. No sé cómo sucedió, pero acepté llevar mi nuevo instrumento a la cintura, envainado en cuero repujado y protegido con un triskel… Y apoyada la espada en la cadera, marcando el paso al compás de mi falda -que ni soy guerrera ni lo quiero ser-, me metí en la cocina a picar vegetales. Pero, ¿qué hago yo con una espada? Si la cojo con la mano derecha, con la izquierda me como una manzana. Eso sí, brilla porque es de plata. Así que la recargo de noche junto al móvil, con un cable conectado a la Luna, regalo de Monsieur de Bergerac. Y como los buenos caballos y las hermosas espadas no carecen de nombre, a mi As le busqué uno propio: Palabra. Que no muchos pueden presumir de hablar con la cintura a la vez que la garganta…

Desde entonces, si me llaman, algunas veces comunico; pero cuento… que cuento cuentos. Cuentos antiguos y cuentos sobre tiempo y verdades. Que mienten más que pesan y que me hacen reír. Cuentos para dormir y soñar. Largos como días con pan, playa y siesta. Cuentos de mazapán y de menta, y cuentos que saben a rayos.

Y desde que volaron las sábanas camino sobre la cuerda del tendedero. ¡Vengan a ver el espectáculo! ¡La mayor funambulista de la historia a una altura de 1,60 metros! Que no vean cómo pican las rodillas cuando se raspan al caer. Y cuando vuelo en la cuerda: río. Y cuando me caigo al suelo: lloro. Y no hay término medio… Nunca. O todo o nada. O fuera o dentro. ¡Maldita manera de ser! E-qui-libro…

Así que ya saben: soy una exploradora. Y en vez de perro tengo una caterva de gorriones bajo el salacot. Y es en este lugar donde escondo mis propios desasosiegos ¡como ahoga esta palabra! Y es que cultivo miedos de terciopelillo negro a 40º a la sombra, que me hacen sudar y resoplar. Miedos de toro negro y cuerno blanco; y miedos de huesos roídos y soñados, como sucesos pasados y futuros. Estos miedos los combato con flores y música de Savall, y los encierro en la jaula del techo de mi habitación en cuanto canta el gallito de la mañana. Y es que crear tiene su otra parte de la moneda: el miedo a lo creado. Si imaginas un monstruo tienes que encararlo. Si dibujas dragones, tendrás que alimentarlos…

Pero todo gratis y a su disposición, oiga. Pasen y vean… Aquí se comparte el pastel que expande la mente y el alma; los mundos elásticos que estiran su vida y la mía. Así comemos de la misma cesta de fruta, que a mí las cerezas lo mismo me adornan las orejas que me quitan el hambre. 

Eso sí, pido al cielo más espacio… ¡por favor, más! Espacio donde respirar y correr. Espacio donde tener espacio para lo que quiera. Para sembrar estrellas en hileras o derramar la jarra láctea. Espacio hueco y azul marino donde pueda reunir o escuchar el eco de mi voz. ¡Deprisa, espacio!

Así que exploro el proceso creativo y el mismísimo miedo como parte de esa energía bruta que nos lleva a descubrir y utilizar la imaginación, que diría Eric Rolf. No tengo nada mejor que hacer. Una vez oí decir a Antonio López, el pintor: “En qué vas a poner el tiempo si no es en lo que te gusta”. Desde entonces, yo lo empleo en mí… y en usted, porque el estómago ya lo tengo lleno. Solo me queda arriesgar. Aquí y ahora. Hala… a vivir el misterio y la incertidumbre de ir sin machete, pero con la espada de cortar zanahorias.

Y como buen árbol que soy cuando no hago trabajos de exploradora, estiro las ramas de mi cuerpo de árbol y dejo entrar lo nuevo. Y observo el aire que mueve mis hojas, hace música de hojas y me muestra los huecos que existen entre las hojas ¡No se rían, una vez los descubrí desde la ventanilla de un autobús!

Y como no tengo nada más que decir, no saben cómo me gustaría dejar inconcluso este pequeño discurso con sentido de puertas para dentro. ¿Qué más añadir? Observo que en esta selva no hay leones. Nadie me obliga, no tengo por qué, y hasta me parece una dulce rebeldía salir por piernas sin dar explicaciones o escusas. Ah, genial. Como dice Jodorowsky: La magia es querer, osar, poder y callar. Esquise-muá-mé-ssié… Hoy no tengo coartada. Un abrazo. FIN.


CIUDAD REAL CÉLEBRE: LOS ÁRBOLES DE LA CASA DE LA CRUZ ROJA


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
02/02/2015
Por Eva Martínez Cabañas







En el siglo XV el papa Pío II elaboró una singular disposición. Dice una de sus secciones:

“A todos, religiosos, laicos sin excepción, cualquiera que sea su poder, su dignidad, su estatus o su rango, cualquiera que sea el lustre eclesiástico (incluso pontifical) o mundano con el que estén adornados, demoler, hacer pedazos, dañar o convertir en cal, directamente o indirectamente, pública o secretamente, todo edificio público de la antigüedad o todo vestigio de los edificios antiguos existentes sobre suelo de dicha ciudad o en sus alrededores, incluso si se encuentran en propiedades que les pertenecen en la ciudad o en el campo…”

La verdad es que el buen papa reutilizaba la piedra del Coliseo romano para levantar sus propias obras del Vaticano; pero a pesar de la barbarie sentó las bases para la protección del patrimonio histórico gracias a este documento.

Si hay algo que nos duele especialmente a los ciudadrealeños es la desaparición de nuestro patrimonio arquitectónico. De nuestra antigua ciudad medieval apenas quedan vestigios, ya que dejamos caer la muralla, la antigua judería, cerramos las cuevas y los pasadizos subterráneos, nos deshicimos de casas, palacetes, empedrados, tiramos el antiguo Ayuntamiento, y detengo el recuento de desastres porque me está dando demasiada vergüenza.

“El mundo se mueve a un ritmo tan acelerado que la mayoría de las personas irrumpió en el siglo XXI olvidando sus orígenes. Debiera ser al revés. Deberíamos valorizar nuestras raíces y nuestra cultura, y utilizarlas como cimientos para construir nuestro futuro”. Esta reflexión no pertenece a ningún filósofo clásico, sino que es una recomendación de estudiantes chinos en el Foro Juvenil del Patrimonio Mundial de Pekín, en 1997.

¿Se acuerdan de Ai Weiwei? El artista chino protestó sobre el expolio del patrimonio cultural de su país haciéndose un autorretrato en tres tomas fotográficas donde dejaba caer una valiosa urna de la Dinastía Hang. El jarrón estaba datado nada menos que entre el 202-220 a.C.

Los chinos y los ciudadrealeños no somos tan distintos en pensamiento, pero sí en nuestra manera de actuar. En ocasiones, ellos destruyen su patrimonio para crear conciencia, y en ocasiones nosotros miramos hacia otra parte. ¿Soy dura? Más duro es perder nuestras raíces. No hablo desde el rencor, sino que me guía un profundo dolor de corazón. 

De esta forma, me gustaría recordar la historia de un palacete conocido con el nombre de la Casa de la Cruz Roja, sobre todo porque aún continúa en pie. Está ubicado en la Ronda de Ciruela, entre el Parque de Gasset y el Quijote Azteca.

El palacete residencial es de estilo modernista y su promotor fue el acaudalado Conrado López, un farmacéutico llegado a Ciudad Real en 1908 que encargó el proyecto del caserón al arquitecto provincial Telmo Sánchez. Este inició las obras en 1925. El edificio cumple las pretensiones burguesas de la época, y en su momento estuvo situado en el extrarradio de la población, rompiendo definitivamente con el modelo de casa solariega manchega. 

Los recursos ornamentales que se emplearon son sencillos. Podemos encontrarlos en los recercados de hueco y dinteles, el abultamiento de esquinas con falsas pilastras y en el modelo floral de la cerrajería que encontramos también en barandillas, celosías o cancelas. 

A finales de los años 50 del siglo XX, la familia López se trasladó y vendió el inmueble a un promotor privado, utilizándose como Academia de Enseñanza tras aplicarle algunas transformaciones en tabiques y puertas. Su posterior venta a Cruz Roja Española en 1972, conlleva la instalación allí de las dependencias del la organización, produciéndose nuevos cambios en su exterior: se pintó la fachada, se añadió el emblema de la cruz roja que la caracteriza, y se señalizó y habilitó la cochera.

Consecutivamente la institución se la vendió a un constructor que pretendía derribar la casa para construir un bloque de pisos, pero sobrevivió a la aniquilación del patrimonio de los años 70 y 80 gracias a que estaba considerada como monumento. 

La revisión del Plan General de Ordenación Urbana de 1978, aprobada en 1988, añade el edificio al Catálogo de Edificios con el nivel de protección B) protección Estructural, con el epígrafe nº 2: Centro de la Cruz Roja, Ronda de Ciruela nº 28. Sin embargo, no aparece en el documento del Plan General de 1997.

El edificio forma parte de la Carta Arqueológica elaborada por el Ayuntamiento de Ciudad Real, que lo obliga a incluirlo en el Plan de Ordenación Municipal y a elaborar un plan de estudios previos antes de realizar cualquier actuación en su estructura. 

En 2006, época en que fue academia de enseñanza, se redacta un proyecto de demolición que obtiene licencia municipal ese mismo año.

Pero también se solicita la incoación del inmueble como BIC o Bien de Interés Cultural, una figura jurídica de protección del patrimonio histórico español para muebles e inmuebles. 

La casa se salvó gracias a la movilización ciudadana, al Círculo de Bellas Artes de Ciudad Real, y a las asociaciones Monumenta Ciudad Real y Restaura Manzanares, ambas dedicadas a la defensa del patrimonio histórico. Las máquinas del derribo empezaron a destejar el inmueble, pero la recogida de firmas, las denuncias a través de redes sociales y foros en Internet, la petición de ayuda a instituciones como el Defensor del Pueblo de Castilla-La Mancha, la elaboración de un manifiesto, la noticia en los medios de comunicación y la reivindicación y la manifestación ciudadana el día del derribo consiguieron frenar la catástrofe.

La Delegación de Cultura solicitó la suspensión de las obras de demolición. A pesar de salvarse del derribo, la maquinaria ya había desmontado la cubierta del torreón y del casetón de acceso de la escalera a cubiertas. El palacete se salvó en el último instante, como los condenados a muerte de las películas…

Desde 2006 la plataforma ciudadana Monumenta Ciudad Real planifica iniciativas encaminadas a detectar, denunciar y divulgar acciones relacionadas con el patrimonio histórico-artística de nuestra ciudad. Así mismo, aglutina la participación y las iniciativas ciudadanas. Su lema es “SOS, Patrimonio de Ciudad Real. Construcción sin destrucción”.

El comunicado firmado por la agrupación para paralizar el derribo incluyó este texto: 

“Queremos manifestar desde la Asociación Monumenta Ciudad Real nuestra alegría y total acuerdo con la acertada decisión de compra del edificio de la Cruz Roja por parte de la Junta de Castilla-la Mancha, pero debemos reiterar que si este edificio continúa en pie es por la oportuna acción de la Asociación Monumenta CR quien evitó el desastre.
En ningún caso este mérito corresponde a la Delegación Provincial de Cultura ni al Ayuntamiento de Ciudad Real, quienes no movieron ni un dedo para evitar la destrucción pero que sí que se apresuraron para apuntarse el tanto de la paralización de la obra. 
Miguel Ángel Muñoz Rubio, presidente de la Asociación Monumenta Ciudad Real".

Y es que, impulsada por diversos colectivos ciudadanos, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha compra entonces el inmueble en 2008, supuestamente con intención de rehabilitarlo y reutilizarlo. 

El Círculo de Bellas Artes de Ciudad Real presentó un proyecto del artista Pablo Rivera Codina para convertir el palacete en un centro cultural, pero la idea fue desestimada por la Junta.

El organismo público ha intentado subastar el palacete hasta en dos ocasiones. A pesar de presentar una sustanciosa rebaja en el precio mínimo de licitación en la segunda puja, los pliegos de las licitaciones repetían irregularidades que no incluían las obligaciones a las que el comprador estaría sujeto con su compra y cumpliendo así con la Ley de Patrimonio Histórico de Castilla-La Mancha. Esto significa que el propietario del edificio debe acceder a los condicionantes que Cultura le imponga tras elaboración de un estudio de valoración de afección del patrimonio histórico. Nadie quiso comprarla. 

Ni la administración pública, ni la iniciativa privada… La historia se repite.

En 2012 la Junta presentó una querella contra dos consejeras de ese mismo organismo pertenecientes al mandato político anterior. Las acusó de fraude funcionarial en la compraventa del inmueble, ya que se encareció 1,2 millones de euros en dos años. También se querelló contra Gicaman, empresa pública que realizó la compra, y contra la empresa Promociones y Construcciones Aldea Fernández S.L, que fue quien les vendió el inmueble.

El litigio señala que “se produjo una elevación injustificada en el precio de compra” donde “esta diferencia de más de un millón de euros carece de justificación tratándose de un inmueble que es definido en múltiples ocasiones como objeto de rehabilitación”. También añade que “continúa estando en mal estado de conservación y no está incluido en le catálogo de bienes y espacios protegidos ni tampoco ocupado por oficinas públicas”.

Me pregunto que pensaría Conrado López si supiera los avatares por los que está pasando su casa. Por allí paso todos los días, pues es zona de tránsito de casa al trabajo. Tras el muro que guarda la casa de todo mal se asoman tres preciosos árboles que quedaron enclaustrados entre la burocracia y dos edificios de pisos. Pienso: Naturaleza entre hormigón... La vida se abre camino, decían en la película Jurassic Park.

Se trata de una preciosa palmera, un ailanto y un aligustre. Estos árboles me inspiran gratitud y compasión por resistir a los acontecimientos. Son árboles olvidados incluso cuando iluminan la calle tras el murete de piedra. Pregunto por ellos en el Ayuntamiento y me contestan que lamentablemente no tienen competencia sobre ellos. Entonces ¿tiene que ser así? ¿Tan poca importancia tienen los árboles? Si la casa sigue en pie, seguramente nos sobrevivirán a todos ejerciendo su silencioso trabajo de alquimia: convertir el oro solar en imprescindible oxígeno. ¿Por qué tenemos tan poco respeto por los árboles?

Me gustaría terminar con unas palabras del arquitecto Diego Peris Sánchez que encuentro en el periódico digital Lanza, pues creo que reflejan a la perfección el pensamiento de muchos de nosotros: 

“Los responsables políticos deben entender que su actuación política es la responsable de gestionar los intereses comunes y colectivos. El patrimonio histórico lo es porque es la herencia de toda la colectividad, es el resultado del esfuerzo de la comunidad construyendo, financiando y manteniendo una realidad construida, estructuras urbanas, yacimientos, archivos, documentos y costumbres que nos pertenecen a todos. La subasta, la venta y con ello la posible desaparición de elementos de este patrimonio es una decisión irresponsable y que demuestra una carencia del necesario aprecio que esta herencia acumulada entre todos nos debe merecer”.


Fuentes: Mi Ciudad Real.es, Cultura y Patrimonio, Ciudad-Real.es, Lanza Digital.com, La Tribuna de Ciudad Real.es.
Foto: La Tribuna de Ciudad Real.es