sábado, 14 de diciembre de 2013

CERCA TROVA


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
02/12/2013
Por Eva Martínez Cabañas



 
 
Hoy vamos en busca de un tesoro... uno con misterio, grandeza, polémica y bandera verde.
 
Sabemos que los grandes proyectos en realidad no se tratan de trabajo, sino de profundas pasiones donde poner nuestro tiempo. Así debe ser, y así sucede en esta historia en pos de un grial que asombre los ojos y acelere el corazón. Pero empecemos por el principio.
 
La batalla de Anghiari es una pintura al fresco de Leonardo Da Vinci que fue pintada en uno de los muros del Salón de los Quinientos, en el palacio Vecchio de Florencia (Italia). La estancia fue símbolo del poder de la ciudad desde el siglo XIII, y fue llamada así por acoger a los quinientos miembros de su gobierno.
 
Para la realización del mural, Leonardo dispuso de varios ayudantes: entre ellos su discípulo Fernando Yáñez, nacido en la ciudadrealeña Almedina (qué pequeño es el mundo). El mural se pintó entre 1503 y 1506, y se perdió alrededor del 1563 al remodelarse la decoración del salón. Se conservan varios bocetos de la pintura, pero ninguno permite ver la escena en conjunto. Su parte central, a la que se ha llamado La lucha por el estandarte, es la más conocida.
 
El confaloniero Piero Soderini (un cargo municipal florentino) encargó unos murales de tema bélico a Leonardo y a Miguel Ángel, por lo que ambos genios coincidieron en el Salón de los Quinientos con el objeto de embellecer sus muros. Los murales debían medir 7 m. de alto y 17 de largo, y aquella fue la única vez que ambos trabajaron juntos en el mismo proyecto (qué buen argumento para una película...) Miguel Ángel representó un episodio de la batalla de Cascina que dejó inacabado. Tanto la batalla de Leonardo como la de Miguel Ángel estuvieron expuestas durante décadas, por lo que muchos las reprodujeron. Gracias a que Rubens copió la parte central de la de Leonardo, hoy  podemos hacernos una idea de cómo era el fresco original.
 
La remodelación del salón se produjo cuando el Gran Duque Cosme I de Médici decidió alojar allí a su corte, así que acortó la sala y subió el techo unos 7 m. para poder dorarlo, colocarle unos casetones (adornos huecos geométricos) y representar allí el triunfo de Cosme, el nuevo soberano de Florencia. También destruyó el fresco inacabado de Miguel Ángel y la batalla de Leonardo, ya que decidió sustituirlos por seis preciosísimos y delicados frescos que simbolizaban el poder de los Médicis. ¡Y que nadie lo cogiera de las solapas...!
 
En los años sesenta, Carlo Pedretti (profesor emérito de Historia del Arte en la Universidad de California y experto en la figura del genio Leonardo Da Vinci) publicó un libro titulado Leonardo inédito, donde exponía la necesidad de iniciar una investigación sobre la perdida Batalla de Anghiari. Y además tenía una pista: el mural podía estar oculto tras otra pintura.
 
Se refería al fresco conocido como La batalla de Marciano y realizado por Giorgio Vasari, un pintor, arquitecto y escritor florentino de la época  a quien se le encomendó la reforma del Salón de los Quinientos.
 
Carlo Pedretti señala otros casos donde Vasari había ocultado obras de arte para que estas no fuesen destruidas, como la Trinidad de Masaccio, en Santa María Novella, un Giotto en la Santa Croce o una Anunciación en los Uffizi aún sin identificar. Según Pedretti, Vasari “intervenía pero no destruía”.
 
Años después de la publicación del libro, el ingeniero italiano Maurizio Seracini se puso manos a la obra con un proyecto de investigación que va acompañado de mucha pasión; pero también de una larga recopilación de datos, esperas, intereses varios y hasta desacuerdos. Por cierto... Maurizio Seracini es el único personaje real que aparece con su nombre en la novela El Código Da Vinci de Dan Brown, un bonito homenaje para un hombre que ha dedicado más de la mitad de su vida a buscar el mural perdido de Da Vinci.
 
¡Así que la batalla de Leonardo podría estar escondida!
 
Seracini argumenta que, al encargarse de la remodelación de la sala, Vasari se encontró con la pintura de Leonardo y que probablemente la ocultó para evitar su irremediable destrucción. ¿Y cómo lo hizo?
 
Gracias a la tecnología se ha comprobado que detrás del muro de Vasari existe otro muro, y ambas paredes están separadas por una pequeña cámara de aire que posiblemente construyera él mismo. Esto se pone realmente interesante... Además, el pintor también pudo dejarnos una importante pista del ocultamiento en su propia obra, ya que en La batalla de Marciano uno de los soldados sujeta una pequeña bandera de color verde con una inscripción en latín: Cerca trova. La traducción de estas palabras al castellano dice: El que busca, encuentra. No sé vosotros, pero a mí estas cosas me ponen el vello de punta.
 
El equipo del ingeniero Seracini inicialmente utilizó tecnología no invasiva sobre el mural de Vasari: georradar, escáner con láser, termografía, radar y una sonda endoscópica. Los trabajos comenzaron a mediados de los años setenta sin conseguir resultados decisivos.
 
En el año 2000 la investigación ganó un nuevo impulso gracias al filántropo Loel Guinness y su sociedad Kalpa Group. Se anunció entonces un cambio de método que consistía en practicar una serie de agujeros en el fresco de Vasari. Nos dice Seracini: “Mis pesquisas sobre La batalla de Anghiari durante treinta y seis años siempre han previsto métodos no invasivos. Ahora, a un paso de la meta, todo podría cambiar”.
 
En 2005 Seracini presentó los primeros resultados de su investigación, y la asociación Italia Nostra lo denunció por considerar que había provocado “un daño y una violación del patrimonio italiano”, por lo que Seracini no tuvo más remedio que parar la investigación.
 
Así que en 2007 se creó una comisión científica que planificó una serie de análisis en todos los muros del Salón. En la comisión participaba el Opificio delle Pietre Dure de Florencia (el Instituto de Restauración del Estado Italiano). Durante año y medio, se sirvieron de un novedoso escáner atómico de activación neutrónica. Mediante rayos gamma, este registraría las respuestas a distintas profundidades y variaciones de intensidad, verificando o descartando la presencia de pigmentos de color en el muro oculto. Las pruebas efectuadas en el laboratorio demostraron la inocuidad de la máquina desde el punto de vista radiactivo, pero aún así surgieron las primeras protestas.
 
De los catorce orificios solicitados para introducir una sonda hasta el muro oculto, el protocolo solo autorizó siete, y todos ellos en lugares específicos que aprovechaban una grieta o desconchón en el mural de Vasari. Finalmente se practicaron seis pequeños agujeros. Cuatro de ellos no llegaron a alcanzar la cámara, y de los dos últimos solo uno dio resultados: Más allá del muro (se nota que estoy leyendo Juego de Tronos) existe una superficie con manchas de un material que todavía no se ha extraído y analizado. Este podría tratarse de pintura o de un revestimiento.
 
La perforación del mural de Vasari también ha desatado quejas de las autoridades florentinas y de cerca de cuatrocientas personas, quienes presentaron su firma en contra del proyecto.
 
También hay quienes opinan que, en el caso de que se hallara el mural de Leonardo, probablemente este no se habría conservado, ya que Da Vinci era un gran experimentador y a veces no utilizaba los materiales más adecuados. O que incluso pudo haberse estropeado antes de la remodelación del Salón... Cierto... Leonardo fabricaba sus propias pinturas y algunas no salieron muy buenas; sin embargo me parece que eso no es excusa para interrumpir la búsqueda... ¿qué clase de investigadores y aventureros seríamos entonces?
 
El que busca, encuentra.
 
Seracini se defiende de todo argumentando que son maldades y que su equipo de trabajo cuenta con la autorización de Ministerio de Bienes Culturales, la del Ayuntamiento de Florencia y la del Opificio delle Pietre Dure. Además, los orificios son muy pequeños y se han practicado en zonas donde no había pintura. También invita a los que firmaron el manifiesto en su contra a que inspeccionen su trabajo, y asegura que la investigación no es un cargo para el contribuyente, ya que National Geographic está filmando un documental por el que ha pagado 250.000 dólares al Ayuntamiento de Florencia, además de realizar diversos vídeos y artículos durante cinco años que atraerán más turistas a la ciudad.
 
Cerca trova... Cerca trova...
 
Seracini también afirma que continuará trabajando y que invita a historiadores y expertos a estudiar los documentos originales. Algunos de estos se encuentran en Toledo, ya que las tropas españolas de Carlos V durmieron durante años en el palacio Vecchio, al abrigo de La batalla de Anghiari.
 
La escritora e investigadora Dolores García Ruiz, autora de El secreto de Monna Lisa y La cara oculta de Da Vinci, también opina que el mural de Leonardo se encuentra tras la batalla de Vasari. “Ahora parece que su lucha contra la desesperanza y la oposición de intelectuales y buena parte de la opinión pública está dando sus frutos” dice refiriéndose a Seracini. La investigadora también nos invita a reparar en la bandera verde del mural de Vasari, un estandarte que se encuentra paralelo a otro, lo que interpreta como una alusión a los dos planos paralelos que representan los dos muros; así como la inscripción Cerca trova y el hecho de que el mensaje estuviese escrito sobre una bandera como alusión a un lienzo donde plasmar pinturas.
 
Particularmente no sé si este simbolismo es certero, pero como aprendiz de todo y maestra de nada, llama mi atención el hecho de que el centro del mural de Leonardo se conozca como La lucha por el estandarte. El caso es que la investigadora Dolores García refuerza la teoría de Pedretti y Seracini.
 
Hoy en día la búsqueda continúa. Y mientras aparece el mural de Leonardo, unos momentos publicitarios:
 
No deje de visitar Almedina (en el Campo de Montiel) donde podrá encontrar una preciosa fuente pública del siglo XIV o un curioso museo al aire libre, ya que varias representaciones en azulejo nos muestran los trabajos de Fernando Yáñez adornando sus calles. También hallará su puente romano, sus formaciones pétreas en las cumbres cercanas, el cerro Morrón, el color rojo de su tierra arcillosa y espectaculares atardeceres. Ya sabe, Visite Almedina y Beba... lo que le venga en gana.
 
Fuentes: National Geographic, Wikipedia, 20 minutos, ABC y Minube.
 




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