sábado, 26 de abril de 2014

VIEJOS MAPAS


CIUDAD REAL DIGITAL
Barricada Cultural
14/04/2014
Por Eva Martínez Cabañas


 
 

No hay nada tan cautivador como un atlas, un mapa o un globo terráqueo, ya que con solo mirarlo emprendemos un viaje. Al descubrir sus mágicos contornos, nombres, distancias, océanos y desconocidas tierras, todo cambia en nuestro interior: Nos hacemos grandes como el mundo e intrépidos aventureros, a la vez que nos preguntamos dónde hemos guardado la maleta. Así que merece la pena meter las narices en asuntos de mapamundis... sobre todo si son antiguos.

Piri Reis es el nombre de un almirante y cartógrafo turco otomano que nació en Galípoli, la actual Turquía, en 1465 y que fue decapitado en Egipto en 1554 cuando contaba nada menos que ochenta y nueve años de edad. Fue sobrino del corsario turco Kemal Reis, a quien acompañó en la mayoría de sus viajes; y fue un hombre de gran cultura, ya que hablaba árabe, griego, portugués y español. Participó en múltiples guerras, y sitió Gibraltar por órdenes del sultán otomano... pero acabó aceptando un soborno de los sitiados. El gobernador de Egipto se enteró del suceso y lo llamó para que le diera explicaciones. Como Piri Reis se negó a acudir, el gobernador ordenó prenderlo y lo ejecutó en el cadalso.
Reis escribió El Libro de las Materias Marinas, un atlas de navegación que contiene el llamado mapa de Piri Reis, un plano de la época donde están representadas las costas americanas, y que se conserva en el museo Topkapi Sarayi de Estambul, en Turquía. Según un escrito de Piri Reis, el mapa de figuración de los fondos marinos incluye “todas las costas, las islas pobladas o desérticas, los ríos, las rocas a flor de agua o bajo el agua, los bancos de arena...”

Así que, si no hay nuevas pruebas que demuestren lo contrario, en realidad fueron los turcos quienes descubrieron América a la par que los nativos americanos descubrían a los turcos, que toda moneda tiene dos caras.

Pero disponemos de más cartografía antigua...

También existe un plano vikingo del siglo XV (copiado a su vez de un original del siglo XIII), cuya importancia radica en que, además de mostrar África, Asia y Europa, representa una masa de tierra en el océano Atlántico llamada Vinlandia (casualmente donde se encuentra América), con una anotación que dice que fue visitada en el siglo XI. Así que, si no aparece un mapa todavía más antiguo, América la descubrieron los vikingos y viceversa.

Este mapa vikingo fue descubierto junto a un códice conocido como Historia de los Tártaros, un manuscrito auténtico que nos describe la historia y costumbres de los mongoles, y al que en algún momento se adosó el plano donde se representaba Vinlandia. Fue descubierto en los años cincuenta por el filántropo norteamericano Paul Mellon, quien lo donó a su actual propietaria: la Universidad de Yale. En la década de los sesenta, el New York Times divulgó que el mapa estaba valorado en veinticinco millones de dólares, y fue publicado por primera vez en un libro con el nombre de El mapa de Vinlandia y el relato tártaro.

En los años setenta, el mapa fue analizado, encontrándose en él una línea amarillenta de anatasa, un mineral de dióxido de titanio muy difícil de encontrar en estado natural. Como esta sustancia comenzó a sintetizarse en 1923, la historiadora noruego-americana Kirstein A. Seaver puso en duda la autenticidad del documento y le adjudicó su autoría a Joseph Fischer, jesuita y profesor de historia en Baviera, Alemania. Sin embargo, la Universidad de Yale apoyó la teoría de que la anatasa pudo haberse formado durante la elaboración de tintas férricas en la época de la Edad Media, por lo que nuevamente se analizó el documento.

El prestigioso Instituto Smithsoniano (un centro de educación e investigación situado en Washington, que posee un complejo de museos y que está financiado y administrado por el gobierno de los Estados Unidos) pidió a un físico experto en cartografía antigua que analizase la tinta empleada en el mapa mediante el sistema de datación por radiocarbono. Los resultados concluyeron que su antigüedad era próxima al año 1434. Sin embargo, un profesor de química de la Escuela Universitaria de Londres estudió la tinta por medio de espectroscopia Raman, y lo dató en torno al año 1923, sin poner en duda la autenticidad del códice. Pero hay más... En 2009, la Escuela de Conservación de la Academia Real Danesa de Bellas Artes, aseguró, que después de un estricto estudio de cinco años, llegaba a la conclusión de que el mapa era auténtico.

El mapa está rasgado, y parece ser que formaba parte de un mapamundi completo. En él están representados España, Gran Bretaña, África Occidental, el Atlántico, porciones de Norteamérica, un perfil completo de la mitad oriental de Sudamérica y la línea costera de la Antártida, libre de hielos; así como ríos como el Orinoco o el Paraná. Las distancias señaladas son exactas a pesar que en aquellos tiempos no existía tecnología adecuada para detallar estas medidas. Incluso encontramos un problema: El dibujo de Groenlandia es demasiado bueno.

En el año 982, el comerciante y explorador noruego Erik el Rojo descubrió la costa sudoeste de Groenlandia, situada en la zona nororiental de Norteamérica, entre los océanos Atlántico y Glacial Ártico (actualmente esta región es danesa). El Rojo estableció allí una serie de colonias vikingas que se mantuvieron en el territorio hasta más o menos el año 1400. Mucho más tarde, en 1578, el explorador inglés Martin Frobisher reconoció su extremo meridional (el sur); y en el siglo XIX Robert Peary exploró sus costas más septentrionales (las del norte) estableciendo que Groenlandia en realidad se trataba de una isla.

Sin embargo, en el mapa donde aparece Vinlandia, dibujado supuestamente cinco siglos antes, Groenlandia ya aparece como tal, y su forma es bastante correcta. Así que, a día de hoy y debido a resultados contradictorios, podemos afirmar rotundamente que desconocemos si es auténtico.

Por todo esto, lamentablemente no sabemos si los primeros en llegar a América fueron los vikingos, los turcos... o los templarios... porque tenemos más datos.

La orden de los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón, más conocida por el nombre de Orden del Temple, fue una de las órdenes militares cristianas más importantes de la Edad Media, y su principal misión fue proteger a los peregrinos cristianos que viajaban a Jerusalén.

Existe una leyenda que asegura que los templarios llegaron a América en el siglo XII. Por aquella época, la orden del Temple contaba con una inmensa flota de barcos, y cuando el papa Clemente V y el rey francés Felipe IV terminaron con la orden por temas económicos y de poder, esta se adaptó a la nueva situación bajo otros nombres. Los templarios españoles ingresaron en masa en la Orden de Calatrava, y fue en un convento de dicha orden donde Cristóbal Colón halló los elementos que le dieron la certeza de la existencia de las Indias Occidentales. 

Aunque existe una segunda versión: Tras la destitución de la orden, en Portugal se creó la Orden de Cristo, que usaba la cruz templaria, y cuando Enrique el Navegante (maestre de la nueva orden) se lanzó a la conquistar los océanos, las velas de sus barcos llevaban la cruz roja de la Orden del Temple, ya que los marinos portugueses tenían prohibido navegar más allá de Cabo Mogador si no eran portadores de este distintivo. Por otra parte, las tres embarcaciones de Colón también la lucían en sus velas. El almirante español visitó numerosas veces Portugal buscando financiación para su empresa. Allí estudió las cartas de navegación que custodiaba la Orden de Cristo. Sin embargo no disponemos de ningún mapa que otorgue veracidad a esta historia.

La leyenda continúa diciendo que previamente, esas cartas de navegación las halló la Santa Sede ocultas en una iglesia templaria después de arrebatarle bienes y tierras a la orden. Y que fue la propia iglesia católica quien impulsó el viaje a América con objeto de predicar el evangelio y de paso llenar sus arcas y ampliar sus posesiones. Pero como no tenían barcos, los buscaron en las coronas española y portuguesa, cuyas flotas eran perfectas para tan largo periplo. Fueron los Reyes Católicos quienes dijeron Sí.

Y, aunque no tenemos pruebas definitivas que demuestren la veracidad de esta historia, sin embargo sí contamos con curiosos indicios...

La leyenda añade que fue en América donde los templarios ocultaron su famoso tesoro al huir de la masacre de la Iglesia. En el estado de Massachusetts, en Estados Unidos, se descubrió el retrato sobre piedra de un caballero con espada que data del siglo XIV. Se conoce como La Piedra de Westford.). 

Otro indicio es el Ídolo de Carabuco, en Colombia, una escultura precolombina de un señor barbudo con un manto que lleva una cruz, y que como mínimo, sorprende.

O el antiguo monolito Kontiki hallado en Tiahuanaco, en Bolivia, que pertenece a la arquitectura prehispánica y cuya forma antropomórfica también luce barba y bigote. 

Y es que algunos autores sostienen que los templarios iban y venían a América con barcos cargados de plata que posteriormente concentraban en la ciudad francesa de Sours, ya que estos monjes-guerreros eran además hábiles economistas, y habían creado una compleja organización que cambiaba y prestaba dinero a los peregrinos que viajaban a Tierra Santa, a cambio de moneda extranjera y objetos de valor.

A pesar de que el efectivo era escaso en aquel tiempo, siempre disponían de moneda en circulación, y financiaron a Francia materiales y jornales para la construcción de más de setenta iglesias y ochenta catedrales. Así que son muchos los que se han preguntado de dónde provenían las cuantiosas reservas de la Orden del Temple.

El historiador francés Jules Michelet, afirmó en el siglo XIX (refiriéndose al regreso de los templarios a Europa al perder el último reducto cristiano en Tierra Santa): “Llegaron a Francia siendo portadores de un inmenso tesoro, compuesto de ciento cincuenta mil florines de oro y diez mulos cargados de plata. ¿Qué se proponían conseguir en tiempos de paz con tantas fuerzas y riquezas? No existía otro país en el que contasen con mayor número de plazas fuertes, además se hallaban unidos a casi todas las familias de la nobleza...”

Michael Baigent y Richard Leigh, autores del libro Masones y templarios, afirman que los templarios disponían de una gran flota que fondeaban en puertos portugueses, franceses, italianos y flamencos. Y que cuando Felipe IV ordenó las redadas a los templarios la madrugada del 13 de octubre de 1307, la flota de la Orden del Temple, fondeada en La Rochelle, ya que había sido avisada de la masacre, por lo que zarpó escapando de la persecución. Nunca más se supo de ella, a pesar de que los autores del libro sostienen que pudieron haberse marchado a Escocia.

El compendio histórico que narra tiempos pasados está lleno de entresijos, rincones, verdades y mentiras en documentos oficiales, historias transmitidas de generación en generación, acontecimientos cambiados a conveniencia, leyendas, nuevos descubrimientos y toda clase de trocitos unidos con celo a modo de puzzle.

El psiquiatra norteamericano David Viscott afirmaba que “El mundo es un rompecabezas cuyas piezas cada uno de nosotros arma de diferente manera”, así que metamos las narices en mapas y escritos antiguos para descubrir nuestro propio mundo. ¡Es hasta divertido!


Fuentes: El Correo.com, Wikipedia, Javier Sierra, Enigmas y Mitos, Portal Educativo en América Proyecto Salón Hogar y Paseando por la Historia.
 





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